domingo, 11 de noviembre de 2018

Las 5 habilidades fundamentales para leer (II): La descodificación



Hoy toca hablar sobre la segunda habilidad fundamental para leer: la descodificación. Esta es la habilidad para descodificar las palabras, utilizando el conocimiento sobre las relaciones entre letras y sonidos. A través de este proceso, reconocemos cada una de las grafías que componen las palabras y las unimos, conformando sílabas y después palabras. Todos los idiomas tienen un alfabeto a través del cual la lengua hablada se representa con símbolos (letras) agrupados en palabras. Si los niños aprenden la relación existente entre los sonidos de la lengua hablada y las letras pueden leer prácticamente cualquier palabra.

El castellano se caracteriza por ser una lengua con una alta consistencia ortográfica. ¿Qué significa esto? Que existe un alto grado de correlación entre el cómo suenan las palabras en la lengua hablada y el cómo se escriben. Es mucho más transparente que el inglés, por ejemplo, y menos que el finés. El catalán, en cambio, es una lengua un poco más opaca, porque la consistencia ortográfica no es tan alta (por la existencia de más sonidos vocálicos, consonánticos... que se escriben de formas diversas).

La investigación científica ha demostrado que la instrucción inicial en la descodificación es la mejor intervención para los estudiantes. Todos se los alumnos se benefician hasta cierto punto de este tipo de enseñanza, pero lo hacen especialmente aquellos que presentan algún tipo de dificultad, bien por sus contexto sociocultural, bien por presentar alguna dificultad de aprendizaje. Esta enseñanza tendría que hacerse de forma directa, clara y continuada en el tiempo para posibilitar que los alumnos pudieran consolidar las habilidades de lectura de las diversas grafías, sílabas y palabras.

Existen 2 métodos de lectura: el fonológico, basado en aprender la asociación entre letras y sonidos de una forma progresiva (en el que se aprende a unir los sonidos para formar palabras; a deletrear...) y el global, en el que se presentan a los alumnos palabras y, a través de la forma, del reconocimiento de alguna letra... tienen que reconocerlas. De estos 2 métodos, el que tiene más apoyo científico es el fonológico (también conocido como método sintético).

Uno de los problemas que tenemos en nuestro país es que no existen métodos serios y actualizados para enseñar la descodificación. Mientras que en los países anglosajones se ha experimentado un cierto 'boom', en el nuestro cuesta encontrar las antaño famosas 'cartillas de lectura', con las que se enseñaba de forma progresiva a descodificar. En castellano siguen existiendo el método Palau (de la editorial Anaya) y el método Micho (de Bruño), mientras que en catalán nos encontramos con el 'Llegim fent drecera' (de Salvatella) i 'L'estel', (de Eumo editorial), y hay alguna editorial más que sigue editando cartillas. Sin embargo, cuesta encontrarlas, y podrían todavía mejorarse con la amplia investigación al respecto de los últimos años. Con lengua más transparentes como el catalán o el castellano, la descodificación tendría que ser algo que pudiera asegurarse de forma temprana.

Esta enseñanza de la descodificación nunca tiene que darse de forma aislada. En último artículo hablé de la importancia del desarrollo de las habilidades fonológicas, que tienen que trabajarse de forma previa al inicio en la enseñanza de la lectura, durante y después. Lo mismo pasa con otros elementos como el trabajo del lenguaje oral (cuentos, rimas, historias...) y del vocabulario. En la medida que el alumno conozca más palabras y las tenga almacenadas en su memoria a largo plazo, más rápido las leerá. Es la conocida como ruta léxica de la lectura.

Luego viene la cuestión fundamental: ¿cuándo hay que empezar a enseñar a leer? Esta es un tema que genera un amplio debate. Hay países como Finlandia en los que se empieza a los 6-7 años, otros en los que se hace a los 3... Considerando las diversas habilidades básicas de la lectura, se puede deducir que empieza  a aprender prácticamente desde que se nace, ya que es un proceso en el que están implicadas la conciencia fonológica, la descodificación, el vocabulario, la lengua oral. 

Durante la educación infantil es fundamental el desarrollo de la conciencia fonológica, de la lengua oral, del principio alfabético. ¿Y cuándo enseñar las primeras letras? Esta no es una pregunta fácil, porque habrá niños que vayan más rápido que otros, pero en P-3 se pueden introducir las vocales, en P-4 las consonantes más sencillas y en P-5 ya todo el abecedario; de forma paralela se habrán estado trabajando de forma intensiva la conciencia fonológica (que sí que es algo exigible en la etapa de infantil), el lenguaje oral (y habrá alumnos que hayan ido más rápido).

El tema es que quizás, en vez de plantearnos cuándo tenemos que empezar a enseñar a leer, tendríamos que plantearnos cuándo hay que exigir que los niños lean. Y aquí sí que podríamos decir que sería durante el 2º trimestre de primero que todos los alumnos tendrían que ser capaces de descodificar con cierta fluidez. Tendremos que preocuparnos con el caso de aquellos alumnos que veamos que entre el 1º y 2º trimestre de primero de primaria no sean capaces de descodificar con facilidad.

Un interesante vídeo de la web Five from five:



Fuente: 
- Web de Five from five: https://www.fivefromfive.org.au/phonics/

domingo, 4 de noviembre de 2018

Las 5 habilidades fundamentales para leer (I): La conciencia fonológica



Hace cosa de un año publiqué un artículo en el que comentaba los aspectos fundamentales de la enseñanza de la lectura. Ahora dedicaré una serie de posts a comentar cada uno de esos 5 elementos fundamentales, partiendo siempre de la Concepción simple de la lectura y tomando como referencia el gran blog australiano Five from five sobre enseñanza de la lectura.

Uno de los elementos fundamentales para aprender a leer y que, paradójicamente, acostumbra a ser olvidado, es la conciencia fonológica. La conciencia fonológica es una habilidad amplia que incluye identificar y manipular las principales unidades del lenguaje hablado como las oraciones, las palabras y las sílabas, la identificación de rimas, etc. Entre las diversas habilidades que conforman la conciencia fonológica podemos destacar por su importancia la conciencia fonémica, que es el conocimiento y la capacidad de manipular los fonemas individuales en las palabras individuales. Los fonemas son la unidad más pequeña que podemos distinguir en el lenguaje hablado.

Durante las 4 últimas décadas se ha ido desarrollando una comprensión cada vez mayor sobre el papel fundamental que tiene la conciencia fonémica en el éxito inicial en el aprendizaje de la lectura. La conciencia fonológica y el conocimiento de las letras (el principio alfabético) han demostrado en numerosos estudios ser los 2 mejores predictores del progreso lector inicial. Sabemos que los alumnnos con una buena conciencia fonémica tienden a ser mejores lectores que los que no la tienen.

Los fonemas son la unidad discernible del lenguaje oral más pequeña, y la conciencia fonémica es la habilidad de escuchar e identificar estos fonemas en las palabras. Los alumnos que empiezan a leer tienen que aprender que las palabras habladas están formadas por sonidos individuales y distintos, más que percibir cada palabra como una única tira fónica. Los estudiantes necesitan saber combinar los fonemas individuales para construir una palabra, y del mismo modo, necesitan saberla dividir en las unidades más pequeñas.

Una buena conciencia fonémica permite a los niños que empiezan a leer entender que las palabras escritas están formadas por grafías (letras impresas y combinaciones de letras) que corresponden a fonemas: un concepto conocido como 'principio alfabético'.

La conciencia fonémica no siempre se desarrolla de forma natural como el lenguaje oral y hablado, y habitualmente necesita ser enseñada. El 30% de los alumnos de primero de primaria no son capaces de percibir la estructura fonémica de las palabras, y la proporción es aún mayor entre los alumnos desfavorecidos. Los alumnos con una conciencia fonológica baja desarrollan su habilidad lectora a un ritmo mucho más lento. La probabilidad de que un alumno que era un lector pobre en 1º de primaria lo siga siendo en 4º es de un +0.88.

Dada la importancia de la conciencia fonémica en la adquisición temprana de la lectura, poder ser consciente del nivel fonémico de cada alumno es algo fundamental ya que puede ayudar a prevenir el fracaso lector a largo plazo. No puede ser que algunos alumnos no sean identificados hasta que llegan a primaria. Herramientas simples y sencillas de evaluación de la conciencia fonémica están disponibles y han demostrado ser capaces de predecir posteriores dificultades en el aprendizaje de la lectura con un alto nivel de exactitud.

Como se ve, la enseñanza temprana del alfabeto y de tareas de descodificación sencillas es un elemento fundamental para una buena enseñanza de la lectura. Aquí tendríamos que preguntarnos: ¿damos la importancia necesaria a la conciencia fonológica en los primeros años, desde P-3 hasta 1º de primaria? ¿Tenemos herramientas de evaluación para poder identificar qué alumnos pueden presentar dificultades? No podemos olvidar que la conciencia fonológica se refiere principalmente al lenguaje oral, y que aunque esté relacionada con ella no podemos confundirla con la descodificación.

En Cataluña me gustaría destacar la figura de Enriqueta Garriga, una de las principales valedoras de su importancia (vídeo aquí y material aquí). A pesar de ello, cuesta oír hablar de la conciencia fonológica y de su importancia. No olvidemos que si muchos alumnos no aprenden a leer y a escribir con un mínimo de fluidez y corrección es por su falta de dominio de los elementos fundamentales del lenguaje a nivel oral. El trabajo y aprendizaje de la conciencia fonológica es un aprendizaje propio de infantil que se alarga a los primeros meses del ciclo inicial, y ha de ser sistemático, dirigido y orientado a todo el grupo para posibilitar así que todos los alumnos lleguen a dominar esta habilidad fundamental.

Para acabar, os dejo un interesante vídeo sobre la conciencia fonológica:


Y el enlace de la fantástica página de Five from five en la que se comenta los principales componentes de la lectura (he traducido y adaptado la explicación que se hace de ella al castellano):

domingo, 28 de octubre de 2018

La importancia de los primeros años (VI): el estilo educativo



Uno de los principales blogs que vale la pena seguir es el de Quirky Teacher; esta blogger inglesa lleva un tiempo escribiendo sobre la importancia de un cambio de las ideas educativas de fondo durante los primeros años y lo hace siempre desde una perspectiva que va totalmente a contracorriente. En este post del blog quiero comentar algunas de las principales ideas de su último artículo, acompañándolas de alguna reflexión personal, porque me ha ayudado a pensar.

En él, habla sobre la importancia de que existan más hábitos, normas y pequeñas rutinas que sean de toda la escuela, especialmente para los más pequeños. Lo compara con la consolidación en la memoria a largo plazo de los conocimientos básicos, que permite la liberación de recursos de la memoria de trabajo para centrarse en la resolución de problemas o en la creatividad. De la misma forma que existen toda una serie de hábitos y normas enfocados a la organización, eficiencia y logística por lo que se refiere a la enseñanza y aprendizaje, destaca la importancia de que existen otros orientados a la formación del carácter ya durante las primeras edades.

¿Y esto por qué? Cuando pensamos en la educación y en el día a día de los más pequeños, acostumbramos a pensar que lo que hay que evitar es la aburrida rutina y el seguimiento de normas en favor de actividades variadas, divertidas... que permitan elegir a los más pequeños y estimular sus mentes. Suele pensarse que cuantas más experiencias lleven a cabo los más pequeños basadas en sus deseos (especialmente si las experiencias son excitantes), más se desarrollarán sus pequeños e hiperestimulados cerebros. Pero, ¿estamos seguros de que esto es realmente así y en todos los casos?

Existen dos tipos de desventajas: la primera es la de aquellos niños a los cuales les falta conocimiento y vocabulario comparados con sus compañeros que tiene padres con un cierto nivel educativo y cultural; esto tiene aún más importancia desde que los currículum no dan tanta importancia al conocimiento. La segunda desventaja tiene que ver con la falta de concentración y resiliencia que habitualmente sería desarrollada a través de hábitos y de rutinas en casa. Quirky Teacher destaca que, esta última, es cada vez más habitual y afecta a alumnos de todas las clases sociales. Todos conocemos seguramente a alguna de esas familias de clase media que se caracterizan por una cierta laxitud en las normas y hábitos familiares y que viven en una continua actividad: de kárate a Kumon, de ahí al Club de Tenis... Todo ello sin que existan rutinas reales para irse a dormir o despertarse, sin rutinas familiares claras; en ellas no existe un horario fijo y las normas se deciden sobre la marcha. Como consecuencia de esta manera de funcionar, estas familias suelen llegar tarde y sus hijos acostumbran, por ejemplo, a dejarse la bolsa de deporte en el autobús.

La imagen que nos deja la descripción de arriba es similar a la experiencia del niño desfavorecido en el sentido más tradicional de la palabra, solo que con más libros, palabras, conocimientos y algunas mascotas. Los niños que crecen en contextos como el descrito se acostumbran a vivir en el aquí y ahora, sin ser capaces de desarrollar ninguna rutina y de poder pensar en el futuro, en el planificarse... porque no consiguen convertir algunos hábitos del día a día en rutinas automáticas. No existe un hábito para recoger la ropa, para limpiar los platos, no se hace la cama... Mucha gente piensa que las cosas 'aburrida' no importan, por lo tanto, ¿para qué esforzarse? Solo hace falta conectarse a las redes sociales y ver en instagram a gente que despreocupadamente se estira en camas sin hacer, que de forma improvisada de hacen un café o que de forma tranquila se dan un paseo por una playa inmaculada mientras reflexionan sobre sus sentimientos. Se ha popularizado el vivir el momento.

De esta forma, los hijos de esta generación de vive-tu-momento y haz-lo-que-quieras nunca experimentan momentos y experiencias significativos de paz y tranquilidad que les permitirían desarrollar la capacidad de concentrarse y fijar la atención. ¿Qué se puede hacer? ¿Tenemos que aceptar que esta es simplemente nuestra cultura y convencernos de que no ser aburridos estando sujetos a normas, rutinas y hábitos nos ayudará a ser más creativos? Muchas de las personas más creativas se han caracterizado por seguir hábitos y rutinas fijos, que les han ayudado a pensar: Beethoven, WH Auden, Sylvia Path...

Un ejemplo del poder de las rutinas, las normas y los hábitos es el dramático incremento en el aprendizaje que se ve en 1º de primaria, cuando pasan del marco de la educación infantil, basado en el elegir y el aprendizaje independiente, a la experiencia del aprendizaje dirigido por el profesor y en la rutinas. Un ejemplo es el de aquellos niños que experimentan dificultades para aprender los números durante la educación infantil y que al llegar a primaria los aprenden en días. ¿Qué es lo que cambia? No solo el estilo de enseñanza y de aprendizaje, sino también la imposición de rutinas, normas y hábitos más sistemáticos que les permiten:
a) Crecer en su habilidad para concentrarse.
b) Poder desarrollar más práctica en silencio.

¿Lo pasan peor entonces porque ahora están sujetos a un horario y se espera de ellos que trabajen más? No; al contrario, les encanta, y se hace habitual el verlos sonrientes, con sus libros de matemáticas, de lengua... que quieren que los maestros y maestras revisen y les feliciten por su trabajo. Otro ejemplo es la lectura: les encanta aprender a leer, y cuando a alguno le cuesta ves como se esfuerza y lo da todo para conseguirlo.

Aquí viene otra pregunta: ¿somos conscientes y lo son los profesores de la importancia que tiene en el aprendizaje que existan hábitos, normas y rutinas? ¿Y tenemos claro que exigen una práctica habitual y constante, que no se consigue de un día para el otro? ¿Estamos dispuestos a maximizar todos y cada uno de los momentos de aprendizaje en nuestra aula? 

Este es un post que ayuda a reflexionar sobre la importancia que tienen los diversos tipos de virtudes: atención, concentración, resiliencia... en la creación de los hábitos intelectuales y personales fundamentales; de ahí también que no podamos dejar de tener en cuenta los diversos estilos educativos, tanto familiares como escolares, y las consecuencias que tienen a la hora de considerar las decisiones educativas por las que optemos.

martes, 23 de octubre de 2018

La importancia del profesorado y del currículum



La calidad de un sistema de enseñanza depende fundamentalmente de la calidad de sus profesores y del currículum educativo. Aquí podemos plantearnos: ¿Es excelente nuestro país en estos dos ámbitos? ¿Tenemos espacio de mejora? 

En primer lugar, podemos reflexionar sobre los profesores que tenemos, especialmente en primaria. ¿Son excelentes los alumnos que acceden a los estudios de magisterio? ¿Existe en estas facultades un ambiente intelectual y exigente que favorezca el crecimiento de estos? Acabé de estudiar magisterio hará cosa de unos 10 años, y mi impresión no fue precisamente esta. Es cierto que en los últimos años se han añadido algunos requisitos para acceder a los estudios de magisterio, como la prueba de aptitudes básicas en Cataluña (de habilidades lingüísticas y matemáticas), se ha subido la nota de corte, pero todavía estamos lejos de países como Finlandia o Singapur que son mucho más exigentes en la selección de sus profesores.

¿Y por qué es tan importante el nivel académico y de excelencia de los profesores? Pues porque la de la escuela es una finalidad principalmente académica, y solo desde un buen dominio de estos contenidos puede ofrecerse una buena educación. Pensemos por ejemplo, en la lectura: ¿Leen mucho los profesores en España, no solo literatura infantil y juvenil, sino para adultos, que les sirva para crecer en miras, expectativas, historias? ¿Se puede transmitir el gusto por la lectura cuando uno no lee de forma habitual? ¿Cuántos libros suelen leer al mes o al año los profesores y profesoras de los colegios de nuestro país? Es un punto importante, porque el nivel de los adultos definirá en gran parte el de los alumnos.

Fijémonos en otro ámbito: la escritura. ¿Cuántos profesores escriben de forma habitual? No solo correos y Whatsapps, sino mensajes, historias... más elaborados. Para poder enseñar una habilidad compleja como la escritura tenemos que haberla experimentado y practicado, sabiendo dónde podemos tener dificultades, pararnos... ¿Sabemos escribir bien, para empezar? Porque en muchas ocasiones es un drama leer los escritos de algunos profesores.

Vayamos ahora a las matemáticas: ¿Cuántos maestros y maestras son buenos matemáticos y les gustan las ciencias? Porque la mayoría de los que suele estudiar el grado de maestro suelen venir de Ciencias Sociales. ¿Somos capaces de fomentar que personas que les gusten las ciencias, las matemáticas... estudien magisterio? ¿Es una carrera profesional intelectualmente interesante para personas con ese perfil? Por supuesto que no es suficiente con el nivel académico e intelectual, y existen otras habilidades que son fundamentales para ser profesor: las habilidades sociales, de relación con los demás, de trabajo en equipo, el gusto por la profesión... pero todas estas no sirven de nada si no se tiene en cuenta la que es la principal en la escuela. En nuestras escuelas hay profesores y profesoras fantásticos, de un gran nivel, pero es una pregunta que como país tendríamos que plantearnos más a fondo. Nadie puede dar aquello que no tiene.

Luego viene la cuestión del currículum. En España estamos actualmente con la moda de las competencias. Estas vienen de la OCDE, una organización económica. Claro que tienen aspectos positivos, pues es importante tener en cuenta la visión práctica de los aprendizajes que se llevan a cabo en la escuela, pero se acaba en una cierta mistificación de estas que hace que se acaben dejando de lado el valor real y profundo del conocimiento. Todo lo que se aprende, ¿ha de servir para algo? ¿No hay espacio para estudiar cosas cuyo único valor es que son humanas? Porque el competencialismo acaba llevando al destierro de las humanidades de la escuela. ¿Para qué estudiar la filosofía, el arte, la literatura... si no sirven para nada? Es un pensamiento con el que hay que ir con cuidado.

El currículum es una de las grandes piedras de la mejora educativa y ojalá nos diéramos cuenta de la importancia de su trabajo y mejora. Tenemos que intentar desarrollar plenamente las capacidades intelectuales y de conocimiento de todos y cada uno de nuestros alumnos, este es el primer y fundamental paso para que después sean capaces de dialogar y relacionarse con el mundo real. ¿Por qué no desarrollamos un currículum humanista? ¿Por qué no potenciar un currículum que desde primaria estudiase grandes cuestiones como la literatura y los clásicos, las ciencias, la historia, la geografía, la música, el arte... y no se quedara solo aquello que tiene una finalidad práctica?  Pensémoslo. La calidad en educación depende directamente de la de los profesores y de los currículums.

viernes, 19 de octubre de 2018

El reto de aprender a escribir


Uno de los grandes retos que tenemos en la escuela es la enseñanza de la escritura. Esta es quizás una de las habilidades más complejas que enseñar, por la cantidad de elementos que influyen en ella y que hay que tener en cuenta: la caligrafía, el conocimiento gramátical y sintáctico, el vocabulario, la ortografía...

Muchas veces la aproximación que tomamos a la enseñanza de la escritura se fija tan solo en aquellos alumnos que ya son competentes y se basa en la escritura creativa, en el buscar inspirar, motivar... Todos estos son elementos fundamentales, pero no podemos perder de vista que gran parte de nuestros alumnos no tienen el conocimiento mínimo que les permita escribir bien. Para aprender a escribir bien no es suficiente con decir a los alumnos: "Ahora, escribid un cuento" o "Escribidme una descripción". Hay que trabajar muchos más aspectos. Personalmente, una de las cosas que he visto escribiendo el blog es que no es nada fácil, y en muchas ocasiones me pasa que, cuando me releo algo de lo que he escrito me doy cuenta de que me he equivocado con alguna estructura gramatical, con un tiempo verbal, etc.

Otro cuestión que deberíamos plantearnos es la siguiente: ¿Cuántos profesores escriben habitualmente? Si no experimentamos la complejidad de escribir un texto, ¿cómo podemos enseñar esta habilidad? Pensémoslo, porque quizás es una de las habilidades que tendríamos que trabajar para mejorar.

Hace unos días, la bloguera 'The Quirky Teacher' recogió en su blog los ingredientes fundamentales que tendríamos que tener en cuenta para conseguir escritores creativos. ¿Qué es lo que hace a un escritor creativo?


  • Saber construir frases decentes y tener fluidez en el uso de este conocimiento (básicamente, no tener que pensar sobre ello).
  • Conocer las reglas de ortografía, gramática y puntuación y tener fluidez en su uso (sin que haga falta tampoco pensar sobre ellas).
  • Conocer muchas historias (tipos de personajes, argumentos, situaciones) y tener fluidez en su uso.
  • Tener un conocimiento abundante sobre el mundo y tener la capacidad de utilizar este conocimiento para añadir detalle.
  • Disfrutar del conocimiento de un amplio abanico de palabras, frases y formas de decir y tener fluidez en su uso.
  • Tener una buena caligrafía, que sea limpia y leíble, y que se haya practicado hasta conseguir fluidez.
  • Fluidez lectora para comprobar y corregir el propio trabajo,
  • La posesión del hábito de ser capaz de concentrarse durante un tiempo sin distraerse.
  • El hábito de planificar y revisar de una forma sistemática.
  • La capacidad de pensar sobre el lector más que sobre uno mismo.
  • Unido a todo lo comentado, recibir alabanza y reconocimiento por producir una buena historia de forma que te veas motivado a escribir aun más.
Como se ve, los elementos que hay que dominar para escribir bien son muchos y diversos. ¿Los tenemos en cuenta? ¿Los enseñamos de forma sistemática? Solo así seremos capaces de enseñar y dar a conocer a nuestros alumnos el arte de escribir.