jueves, 9 de abril de 2020

Algunos pensamientos educativos sobre las últimas semanas

Photo by tracey gayle from FreeImages
No he escrito nada en el blog durante las últimas semanas, que han coincidido con el inicio de la crisis del Coronavirus (las últimas entrada son del fin de semana del 1 y 2 de marzo, el fin de semana previo a que se agravara la situación).

En esta breve entrada, quiero comentar varios temas que han salido durante estos días. El primero es la tendencia que he visto en algunos ambientes educativos, por parte de los agoreros de siempre, a afirmar que estábamos ante un cambio de paradigma. Según estos, la situación en la que se han tenido que suspender clases estaría mostrando la necesidad de cambiar y abandonar el paradigma tradicional (este artículo de Eduard Vallory va en esta línea). Otros, por su parte, defienden que la suspensión de las clases presenciales sería el 'empuje' definitivo a la docencia online y el uso de las tecnologías. 

En este sentido, no puedo estar más en desacuerdo con este tipo de afirmaciones. Estamos en una situación de emergencia, y lo que está intentando hacer el sistema educativo con clases online, etc. busca compensar lo que se hace habitualmente, pero lo que se haga nunca será igual de bueno que la educación presencial. ¿Por qué? Porque la enseñanza y el aprendizaje son un acto profundamente humano y, en él, es fundamental precisamente esa relación personal que se establece entre dos personas, alumno y profesor, alrededor de un contenido. Muchos están empezando a constatar precisamente esto, cómo echan en falta, al tener que funcionar a través del correo, o de un Classroom, esa relación personal, la mirada, esa conversación... 

Photo by Ante Vekic from FreeImages
Algunos dirán, ¿pero no existe educación online de probada eficacia? Sí, existe educación online (yo, personalmente, llevo estudiando varios años diversas asignaturas, cursos... online), pero está enfocada especialmente para las edades superiores: etapas post-obligatorias como el Bachillerato, la FP o la universidad y, apurando, los últimos cursos de secundaria. ¿Y por qué no suele haber programas para los cursos anteriores? Porque para tener éxito en la educación online hace falta tener una capacidad de autorregulación, de habilidades básicas (de lectura, de escritura, de uso de herramientas digitales...), de conocimientos básicos... que hace que para las edades inferiores no sea la mejor opción. ¿Significa esto que no tengamos que hacer nada, entonces, en este contexto? No, no quiero decir eso. Es bueno que intentemos llegar al máximo número de alumnos en esta situación y que les facilitemos recursos digitales, analógicos... para que puedan progresar en su aprendizaje, pero teniendo siempre en cuenta que nunca será tan buena opción como la docencia presencial. Y nunca habrá nada como tener un contexto cultural familiar sano y rico culturalmente, en el que haya conversaciones familiares, buenas bibliotecas, en el que se puedan leer clásicos, escuchar buena música...

Este era uno de los temas. El otro es alrededor de todo el debate que ha surgido en los últimos días sobre la evaluación y la calificación del curso. No me sorprenden las 'Fake News' que propagan algunos medios alrededor de cuestiones como el pretendido 'aprobado general en Italia'. Italia no ha aprobado un 'aprobado general'. Simplemente ha propuesto medidas de flexibilización que, curiosamente, son tremendamente parecidas a las que se tomarán en España. Contar los 2 primeros trimestres y que las calificaciones del 3º trimestre que están llevando a cabo en casa no perjudiquen al alumno teniendo en cuenta el efecto que puede tener su contexto sociocultural familiar durante estos días. 
En España se defiende que, en el contexto actual, la repetición se reserve a casos extraordinarios. Y me parece bien. ¿Realmente queremos que un alumno que tenga graves problemas de comprensión lectora, o que no haya aprendido a leer en 1º y 2º... pase al siguiente curso? ¿No somos conscientes de lo bien que les va a algunos alumnos poder tener un curso más para madurar y enganchar con los aprendizajes básicos? En Italia se propone que los alumnos que hayan suspendido empiecen el curso antes. ¿Realmente preferimos esto para ellos? Estamos ante un tema serio, que merecería un debate a fondo y que toda la sociedad remase a una en ello. Tengo la sensación, sin embargo, de que vamos a salto de mata y los medios de comunicación se limitan a tratar el tema desde un punto de vista ideológico en el que se devalúan el conocimiento, el esfuerzo...

Un último tema serían las críticas ideológicas a las calificaciones. Calificar, poner notas numéricas... es un proceso necesario en educación, que no tenemos que oponer a la evaluación. Estoy totalmente de acuerdo en que no se podrá hacer con los mismos criterios que en un contexto presencial, pero ¿Por qué esta manía de oponer evaluación y calificación? Recupero un par de párrafos de un artículo que escribí sobre esta falsa oposición:

Es que la evaluación calificativa es una gran herramienta. Y sí, no todos obtenemos los mismos resultados en ella, pero es beneficiosa. Si ahora me presentase a una carrera de 100 metros lisos o a una oposición de médico pues seguramente no tendría buenos resultados, pero es lo que hay. Y nos irían bien más pruebas de evaluación diagnóstica, generales y numéricas que, en momentos claves de la enseñanza nos dieran registros de resultados: sobre el aprendizaje de la lectoescritura, en el cambio de 3º de primaria a 4º, en el cambio a secundaria, etc.

Y es que la mejora de la evaluación formativa no ha de ir en detrimento de las calificaciones y de las notas. ¿Por qué se contrapone el uso de rúbricas, de cuestionarios de autoevaluación, de cuadernos de reflexión, la evaluación constante del profesor en el aula... al uso de las calificaciones? No hay que oponerlos.

Espero volver a escribir en el blog y a retomar las lecturas sobre educación en los próximos días. Mucho ánimo a todos.

lunes, 2 de marzo de 2020

Los niños leen cada vez menos: un artículo de 'The Observer' para reflexionar

Photo by Gaelle Marcel on Unsplash


Me llegó ayer, a través de las redes sociales de Gregorio Luri, este artículo de 'The Observer' en el que se comentaba diversos datos preocupantes que se conocerán en un estudio que se publica este jueves: los niños están leyendo menos que nunca y solo una cuarta parte de los menores de 19 años lee cada día.

Ciertamente, son datos preocupantes; el hecho de que los niños de hoy en día lean menos y les divierta menos qua a cualquier generación previa debería de hacernos pensar y reflexionar.

Un primer aspecto sobre el que deberíamos de reflexionar es el del motivo por el cual los niños están leyendo menos que nunca. En las redes sociales, comentaba Gregorio Luri que nuestros alumnos leen hasta los once años. En el debate que seguía, diversas personas, entre ellas Eva Millet, Vítor Meirinho, comentaban en primer lugar el tema de la calidad de las lecturas. Nuestros alumnos leen, sí, pero en muchas ocasiones leen libros bastante insulsos, cuyo vocabulario no es especialmente complejo, y no salen de ahí: Gerónimos Stilton, Diarios de Greg... (y eso que estos, para empezar a leer, no están mal), si no caen en los libros de los Youtubers, estrellas juveniles de las series, Pokémons... Llega un momento en que el interés por estos libros decae, y el no haberse enfrentado a textos más complejos y ricos imposibilita que la gran mayoría intenten leer libros más exigentes. Aquí, uno de los grandes problemas, es que la mayoría de profesores de primaria y padres no son precisamente grandes lectores, y les faltan en muchas ocasiones el conocimiento, lecturas... para orientar a sus hijos o alumnos.

Pero no solo está este tema. Según el INE (2016), a los 10 años, 1/4 parte de los niños tienen ya un móvil. A los 11, este porcentaje sube al 50% y a los 12 ya son 3 de cada 4. ¿Cómo queremos que nuestros alumnos e hijos lean teniendo un miniordenador en su mano que, en muchas ocasiones, pueden usar cuando quieran? En este sentido, veo una clara correlación. Si les damos a elegir entre la comodidad de ver una serie de NETFLIX, Movistar+, HBO, Youtube, jugar a un juego, estar en las redes sociales o bien tener que leer un libro, la gran mayoría elegirán lo primero. ¿Por qué? Porque lo primero les es más cómodo, no les exige el esfuerzo de leer, de imaginarse cosas, solo necesitan estar de forma pasiva ante la pantalla y no solo eso. Las diversas apps, redes sociales, series... 'juegan sus cartas' para engancharlos. Los alumnos a esa edad y durante los siguientes años de la primera adolescencia no están preparados para tener un móvil. ¿Quieres que tu hijo deje de leer? Cómprale un móvil. A algunos esta postura podrá parecerles radical, pero si ya nos pasa a los adultos... Hagamos una pequeña reflexión: ¿leemos más hoy en día o hace unos años, cuando no teníamos tantos dispositivos móviles? La respuesta está clara.

Y de ahí que también decrezca el gusto por la lectura. Solo un 53% de los alumnos afirmaban disfrutar con la lectura. Y es una pena, porque hay innumerables ejemplos de que leer de forma habitual es uno de los mayores potenciadores intelectuales y personales para las personas. ¿Queremos que nuestros hijos y alumnos lean más? Tendríamos que empezar por hacerlo más nosotros, y cambiar quizás nuestra visión para con los móviles y lo temprano que les damos móviles, tabletas, consolas... a los alumnos. Otra cuestión que también se toca es la 'brecha de género'. Solo un 47% de chicos son buenos lectores frente a un 60% de chicas. Otro punto de reflexión que daría para otro post.

En este sentido, iniciativas como leer en voz alta a los hijos, leer en familia (como se propone en el artículo), pueden ser una gran forma de potenciar el gusto por leer.

domingo, 1 de marzo de 2020

Un apunte sobre algunas de las nuevas políticas educativas del gobierno británico



La situación del panorama educativo no es igual en todos los países europeos, como he podido comentar ya en alguna ocasión en el blog. En España, tengo la sensación de que vamos siempre como mínimos unos 5 años por detrás de otros países europeos.

Ayer leí una noticia sobre el Reino Unido que me llamó la atención. Y me llamó la atención porque sería inimaginable que, en España o en Cataluña, los representantes del Ministerio o la Conselleria de educación afirmaran algo parecido.

Gavin Williamson (aquí podéis escucharlo hablando sobre el tema) es secretario de educación del nuevo gobierno Tory, conservador, británico, y se publicaba que apostaba por una medida de choque de unos 10 millones de libras destinada a fomentar la creación de una cultura académica y de exigencia en los colegios, con medidas como la prohibición de los teléfonos móviles o el que exista un ambiente de silencio y tranquilidad en los pasillos.

Esta medida de Williamson busca extender al mayor número posible de escuelas medidas y una cultura de la exigencia que forma parte de los colegios tradicionales privados ingleses, pero que, quitando excepciones como Michaela Community School, no ha llegado a la mayor parte de colegios públicos o sostenidos por el estado británicos.

Si medidas parecidas las hubieran propuesto algún político o grupo político en España o en Cataluña, sería muy posible que hubiera ya una campaña en los medios contra ellos. ¿Nos damos cuenta, pero, de lo importantes que son? Es muchas veces en los pasillos, cuando no hay ningún profesor que pueda controlar, en el uso por parte de los alumnos del móvil en el colegio, cuando se acaban produciendo esas situaciones de acoso. Y son precisamente los alumnos con más dificultades, que quizás por su contexto socieconómico no tienen la suerte de tener un ambiente cultural y familiar tranquilo y rico en casa los que necesitan más que la escuela sea ese espacio culturalmente rico, exigente, donde puedan vivir y recibir experiencias de orden y de trabajo intelectual. 

Ya he comentado en alguna ocasión que yo, personalmente, aplicaría algunas de las políticas de Michaela Community School de forma diferente, pero en nuestro contexto son totalmente necesarias. Como comentaba hace unas semanas, somos uno de los países en los que cuesta más empezar a dar clase, y existen importante dificultades alrededor de la disciplina, de las expectativas, de cómo gestionamos las faltas de comportamiento, como se detalla en este artículo.

¿Tenemos un problema de disciplina en España? Sí, y aquí me gustaría recordar que por disciplina no entiendo el 'sancionar', sino el enseñar a alguien la forma correcta de hacer algo (en este artículo, escrito a partir de Teach Like a Champion de Doug Lemov, queda mejor explicado). Y en este sentido, falta coherencia y consistencia en las escuelas. Aspectos tan básicos como el escuchar a la persona que habla se están convirtiendo en algo raro, no solo entre los niños, sino entre los mismos adultos (pensad en cuántas conferencias de formación de profesores habéis visto a compañeros mirando el móvil en vez de escuchar). El no gritar, el mirar a la cara de la persona que habla, el ser responsable de las propias cosas y traer todo el material... O el tema de los teléfonos móviles. Difícilmente un adolescente lo va a utilizar para aprender, pero aun así hay discursos que plantean su uso, olvidando que lo que acabarán haciendo será ver vídeos, series, entrar en redes sociales o bien jugar... Solo hay que ver lo que acaban haciendo muchos adolescentes cuando quedan y todos tienen móvil.

En este sentido, tenemos un amplio camino que recorrer. Ojalá llegue el día en que tengamos unos responsables políticos que se preocupen realmente de los aspectos nucleares e importantes de la educación.

domingo, 23 de febrero de 2020

¿Empieza a moverse algo en el panorama educativo?

Photo by Rob Gonyea from FreeImages


Una de las cosas que he repetido en el blog en diversas ocasiones era que lamentaba que, en el ámbito latino, echaba en falta la existencia de materiales y libros que partieran de supuestos propios de la educación basada en evidencias. Así como en el ámbito anglosajón desde hace años existe un amplio debate con figuras como Daniel Willingham, Daisy Christodoulou, Tom Bennet, Paul A. Kirschner... parecía que en España y el ámbito latino estuviéramos muy lejos.

Sin embargo, empiezan a moverse cosas... Hace unos días se publicó este libro de Héctor Ruiz Martin:



El libro, ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza expone los principales mecanismos cognitivos que rigen la memoria y el aprendizaje, los aspectos clave de la enseñanza, la evaluación... habla sobre la instrucción directa, sobre el aprendizaje por descubrimiento desde una perspectiva rigurosa y accesible. Me ha llegado hace poco (todavía no me ha dado tiempo de empezar a leerlo), pero tiene toda la pinta de ser de esos libros que todo profesor debiera leer y formar parte de los planes de estudio de todas las facultades de educación. Quizás algunos conocéis al autor por sus interesantes hilos en Twitter: https://twitter.com/hruizmartin?lang=ca.

No solo eso, sino que me llegó también por las redes que se está elaborando la traducción de algunos  los diversos libros que ha preparado Research ED. Ahora no recuerdo cuáles eran en concreto, pero es una buena noticia. Hay que destacar que Research ED estuvo por primera vez en dos países latinos: Italia y Chile. A ver cuándo vendrá a España.



Y otra buena noticia fue enterarme del título del nuevo libro de educación de Gregorio Luri:



Un libro que, seguramente, no dejará a nadie indiferente y que se hace si cabe todavía más necesario en esta época en que el conocimiento tiende a verse como algo que no es importante frente a las mal llamadas 'competencias del siglo XXI'. 
Todos estos libros, junto a la aportación de la creciente comunidad virtual y no virtual que comparte en mayor o menor medida estos planteamientos, está ayudando a que exista un cierto debate. Un debate que empiece a alejarse de las modas y de las ideologías, y que busque partir de las evidencias científicas y de la ya amplia experiencia de éxitos y fracasos educativos que la historia nos muestra.

lunes, 17 de febrero de 2020

El valor de las pruebas estandarizadas y de un currículum basado en el conocimiento

Photo by Annie Spratt on Unsplash
Una de las cosas que hecho en falta, tanto a nivel autonómico como estatal es que, desde las instituciones públicas, no se promuevan la creación y establecimiento de más pruebas estandarizadas, que permitieran conocer el nivel de los alumnos y compararlos con escuelas de su mismo contexto socioeconómico, y valorar si las decisiones tomadas a nivel didáctico y pedagógico ayudan a mejorar los resultados o si bien al contrario conllevan un descenso del nivel académico de los alumnos.

Un primer aspecto distorsionado es que las pruebas no son las mismas en todo el territorio español. Podríamos decir que la selectividad o PAU (pruebas de acceso a la universidad) lo son, pero los exámenes los diseña cada comunidad autónoma, con lo cual las pruebas varían de forma muy significativa de una comunidad a otra. Por lo que se refiere a pruebas de evaluación diagnóstica, el curso en que se hacen varía según la comunidad.

En el caso de Cataluña, existen dos evaluaciones diagnósticas: una al acabar 6º de primaria de lenguas (castellana, catalana e inglesa), matemáticas y ciencias naturales y otra al acabar 4º de ESO, que abarca los mismo ámbitos. Existen luego las Pruebas PACBAL sobre los componentes básicos de la lectura en catalán (desde P5 a 2º de primaria) y una nueva prueba con forma de proyecto que ha establecido este año el Departamento para 2º de primaria, pero ambas son de carácter voluntario.

¿Por qué no existen, entonces, más pruebas de evaluación al final de cada ciclo? ¿No podrían los poderes públicos establecer los contenidos académicos mínimos que tendrían que tener los alumnos al acabar cada curso o ciclo? ¿Qué ha de saber un alumno de matemáticas al acabar 2º de primaria? ¿Y al acabar ciclo medio? ¿Cuáles serían la fluidez, velocidad y comprensión lectoras óptimas al acabar 3º? ¿Qué se debiera de esperar por que se refiere a la expresión escrita al acabar 4º de primaria? ¿Y al acabar 2º de ESO?

Para ello sería necesario que los currículum se volvieran más concretos, sencillos, dejando de lado toda la jerga grandilocuente que contienen hoy en día pero entre la cual se hace difícil cribar realmente qué es lo importante. Y este es uno de los grandes problemas que tenemos: un currículum demasiado amplio, poco concreto, que se queda muchas veces en las competencias y valores generales pero que no concreta el cómo llegar a ellos. Tener unos objetivos y unos contenidos concretos para cada curso, con unas pruebas que nos ayudaran en la toma de decisiones permitiría orientar y mejorar de forma muy significativa la práctica docente y las decisiones en los claustros. 

¿Tanto nos costaría concretar qué contenidos académicos son culturalmente significativos? Y estoy hablando de que nos centremos en los principales ámbitos académicos: lengua, literatura, ciencias naturales y ciencias sociales y matemáticas. Porque esta falta de concreción genera importantes vacíos de conocimiento en la base cultural de nuestros alumnos. Cada vez más te encuentras con más alumnos que carecen de las nociones más básicas de geografía (continentes, países, ríos...), de historia, de literatura, de ciencias naturales... ¿Cómo vamos a poder establecer así esos lazos de copertenencia, de tener algo en común, de los que habla Gregorio Luri? Si las instituciones públicas dejaran de lado las luchas ideológicas y dieran valor a lo importante y propiamente escolar que es la enseñanza académica, sería posible una mejora educativa profunda. Y ahí serían de gran utilidad medidas como las pruebas estandarizadas que contrastasen que se trabaja lo fundamental con todos los alumnos. Aquellos con más dificultades son siempre los que más lo necesitan.