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lunes, 29 de junio de 2020

Reflexiones sobre Michaela Community School (1): El 'ethos' de Michaela, la gratitud y la humildad

Font: https://mcsbrent.co.uk/ethos/

Durante esta semana he empezado a leerme el nuevo libro editado por Katharine Birbalsingh y el equipo de profesores de Michaela Community School: "The Power of Culture". Es un libro que, desde el primer capítulo, supone un desafío a las ideas que conforman la ortodoxia educativa en Cataluña y en España, y llevo no más de 120 páginas de las casi 400 que tiene el libro.



Uno de los capítulos que me ha hecho reflexionar más es el escrito por James Sibley, sobre el 'Ethos' de Michaela: "Being Michaela": Our Ethos. En él, Sibley plantea los 3 elementos que conforman la 'columna vertebral' de la escuela:
1. El sentido de comunidad y de pertenencia
2. La responsabilidad personal
3. La gratitud y la humildad.

De estos 3 elementos, el que me ha llamado más la atención, por la encendida defensa que hace, es este último. ¿Por qué? Pues porque una de las cosas que se repite de forma habitual en nuestras latitudes es que "la escuela ha de estar centrada en el alumno", pero este "estar centrada en el alumno" es entendido, en muchas ocasiones, como un poner en el centro la voluntad e intereses del niño en todo momento, sin valorar previamente si el que siga sus emociones o que se centre solo en lo que le interesa aprender es lo mejor para él o los demás. En este sentido, en el contexto social se tienden a reivindicar constantemente los derechos: derecho a hacer lo que uno quiera, a opinar de lo que se quiera, a tener lo que se quiera... pero, por contra, la reivindicación de los deberes no es ni mucho menos tan popular. Y aquí es donde la reflexión de James Sibley me parece más importante. Dice (traduzco el texto):

"Los niños no nacen siendo agradecidos o humildes. Esto no es su culpa: ellos simplemente no se dan cuenta del impacto que tienen sus acciones en los demás. Nunca ven a la persona encargada de limpiar recogiendo su basura y no son conscientes de que, al no tirarla en su sitio, provocan que el día de esta persona sea peor y su trabajo se alargue por culpa de sus pequeños actos evitables de egoísmo y privilegio. Los alumnos no empatizan con los demás de forma automática porque quizás piensan que son mejores que ellos. Sin la humildad, los alumnos engranan su mundo alrededor de su estatus, de su riqueza y de su autoconcepto de superioridad. Si estos son los elementos que valoras más, no valorarás el esfuerzo de la persona encarga de limpiar

Para evitar esto, los alumnos necesitan que les enseñemos a ser agradecidos. La gratitud no es algo que se desarrolle de forma automática. Claro que espero que algunos de ellos acaben siendo ricos y famosos, pero también espero que aprendan a ser humildes y que, aunque sean especialmente talentosos en algo, tienen una suerte extraordinaria. Espero que aprendan a dar gracias por tener unos buenos padres, unos buenos profesores, grandes amigos o un buen jefe. Espero que aprendan a dar gracias por las oportunidades que reciben y por las personas que les ayudan en su camino.

Si les falta humildad, es muy difícil que quieran devolver un servicio o que no miren a los demás por encima del hombro. La humildad lleva a la gratitud, la que, a la vez, fomenta un mayor respeto por los demás y una satisfacción más profunda con la propia vida. Enseñar a ser agradecidos de forma explícita tiene que ver con ayudar a nuestros alumnos a ser felices en un mundo de materialismo puro, un mundo que da valor a tener más que los demás. Estar buscando constantemente el tener más no es la mejor forma de afrontar la vida. Enseñando a nuestros alumnos a ser agradecidos, los estamos ayudando a poder llevar en el futuro vidas más gratificantes. La humildad y la gratitud son dos componentes esenciales para vivir una vida feliz y satisfactoria."

Es una reflexión que creo que nos debería de hacer pensar: ¿qué tipo de alumnos y de personas está fomentando el sistema de valores que tenemos en las escuelas? Tantas dinámicas de 'educación emocional', ese 'poner al alumno en el centro' que se cacarea en tantos proyectos educativos... ¿están llevando a una sociedad solidaria, en la que se ponga el foco en el servicio a los demás, en la cual la humildad y la gratitud estén de moda? ¿Cuidamos este trato con los demás? Pensémoslo un poco: ¿están limpias nuestras calles? ¿Nos damos cuenta cuando hay que ceder el paso a alguien, o el sitio en un transporte? ¿Se preocupan nuestros alumnos por dejar los espacios, clases, patios... limpios? Claramente no: el individualismo es cada vez más el esquema por el que se mueven tanto las nuevas generaciones como los más adultos. Quizás estamos provocando lo contrario. 

jueves, 29 de agosto de 2019

Sobre el éxito de Michaela Community School (II): el poder de la gratitud

Fuente: https://time.com/5232857/michaela-britains-strictest-school/

Estos últimos días ha tenido un cierto eco en las redes la noticia de los grandes resultados que han obtenido los alumnos de Michaela en las primera pruebas estatales a nivel oficial del Reino Unido. De entre los diversos artículos que se han compartido con motivo de este éxito, hubo uno que me llamó especialmente la atención. En este caso, era de Doug Lemov (de quien ya hemos hablado, autor de 'Enseña como un campeón') y formaba parte de una serie de posts que publicó con motivo de una visita que realizó a Michaela (hace tres años). En concreto era el segundo. En él, explica que una de las cosas que le llamó la atención, además del ambiente de orden, de exigencia académica y de trabajo fue que en Michaela Community School existe una 'cultura de la gratitud', que pasa a describir. Comparto aquí la reflexión original de Doug Lemov, traducida al castellano, porque me parece que vale la pena leerla y meditarla:

"Michaela valora la gratitud. Hasta cierto punto, la requiere de sus estudiantes, lo que puede parecer extraño al principio, pero estar ahí te sirve para entender el porqué. Tiene consecuencias sutiles y de largo alcance.

La expresión más palpable de gratitud vino a la hora de comer cuando, después de la comida, los alumnos se pusieron de pie y ofrecieron sus 'agradecimientos'. Permitiéndoseles expresar gratitud enfrente de la mitad de la escuela, todas las manos se levantaron. Todas. Todos querían ser elegidos para dar gracias.

Los estudiantes dieron gracias a sus compañeros de clase por ayudarles en el estudio. Agradecieron a sus profesores por esperar mucho de ellos y ayudarles. Les agradecieron por preparar grandes clases. Un estudiante agradeció al personal de cocina que les hubieran cocinado. Y todavía había manos levantadas. Otro alumno agradeció a su madre todo lo que hacía para sostenerle: tendría unos 13 años, y realizó este agradecimiento enfrente de unos cuantos centenares de adolescentes más, hablando con voz entrecortada pero honesta de lo agradecido que estaba por lo duro que ella trabajaba y los sacrificios que hacía. No es muy habitual ver a alumnos de 13 años hacer esto.

Un alumno en mi mesa -las comidas son comunitarias en Michaela- me dio las gracias. No estaba seguro de quién era y por qué estaba allí, pero era inusual comer con un hombre con un acento extraño que decía que había venido de America para ver cómo trabajaban. Y ahora él, Hassan, podía mostrar que era un hombre y no un niño, y que entendía que era una buena cosa y que era correcto valorar que lo apreciaba. 'Quiero agradecerle señor que haya venido a vernos', dijo.

Hassan había acabado, pero todavía agradeció más cosas hasta que el profesor al cargo les dio feedback sobre cómo agradecer las cosas todavía mejor la próxima vez y luego se fue a clase.

Me encontré sorprendido y pensando sobre ello. Aquí estaban niños de algunos de los barrios más pobres de la ciudad, niños que afrontaban dificultades importantes en casa o en su camino a la escuela. Muchos habían dejado (o todavía vivían) en lugares destruidos por la violencia y la desesperación. Pero en Michaela, su día a día era valorado no por alguien que les recordara que era su vida era dura y desgraciada, sino partiendo del supuesto de que ellos querrían mostrar su gratitud a los demás.

¿Qué significa esto? Primero de todo, ha permitido que emerja una cultura de la 'atención a los demás'. En cualquier lugar en el que miraba, veía que los estudiantes hacían cosas por los demás. En una clase un alumno se dio cuenta de que había otro sin lápiz y le dio uno sin que se lo hubiera pedido nadie. En el vestíbulo a un alumno se le cayeron los libros y, rápidamente, 3 o 4 compañeros y compañeras se agacharon para ayudarle. Los estudiantes, cuando abandonaban la clase, daban las gracias a los profesores.

Quizás el dar las gracias lo hace posible. Están inclinados los alumnos a portarse bien? Muchos, sí. Y cuando ven que la amabilidad y generosidad son vistas y valoradas, no solo por sus profesores sino por sus compañeros, esto se extiende. Quizás al principio es gracias a que se cree en la gratitud, pero al cabo de un tiempo acaba convirtiéndose en un algo que forma parte de la cultura de la escuela. La gente es amable y considerada porque, en Michaela, es lo que hacen.

Pero la gratitud, creo, es tanto por el que la da como por el que la recibe. Quizás es este el punto más importante. Mostrar gratitud hace dos cosas.

En primer lugar, cambia tu percepción del mundo. Provoca que busques y veas la generosidad a tu alrededor y por lo tanto que percibas un mundo lleno de amabilidad y generosidad a tu alrededor. Esto hace que estés contento. Y te lleva a penar que el mundo es un lugar que te abraza cuando das lo mejor de ti.

Pero el segundo regalo es otorgado al que da. Expresar gratitud es dar algo a alguien. Y dar es estar en un lugar de poder. Al fin y al cabo, tienes que tener algo de valor para que valga la pena darlo. Y por lo tanto todo este dar gracias -todo este valorar y honorar el agradecimiento, ese dar importancia al momento en que dices 'Aprecio lo que has hecho' y asumir que esto es muy importante- es una forma de decir a los alumnos: tenéis algo de valor. Sois importantes. Pero debes recordar que vuestra fuerza se deriva de vuestra voluntad de ayudar a los demás. Cuando das te haces rico a ti mismo."

Es un texto que me ha hecho pensar. ¿Existe esta 'cultura de la gratitud' en nuestras aulas? ¿Existe en nuestra sociedad? Da que pensar; ¿cuándo es la última vez que en un aula hemos vivido lo que se explica en el artículo? No olvidemos que, como comenta Lemov, estamos hablando de una escuela que está en un barrio con un contexto socioeconómico y familiar complicado y que consigue poner a sus alumnos al nivel de las escuelas privadas británicas. ¿Y cómo lo consiguen? Teniendo unas expectativas muy altas de todos los alumnos en todos los ámbitos: académico, de relación con los demás, de comportamiento...

El post original de Doug Lemon: