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domingo, 5 de marzo de 2023

La LOMLOE (II): sobre la confusión entre evaluación y calificación

Foto de Santi Vedrí en Unsplash

En el mes de noviembre, dediqué un artículo largo a comentar la LOMLOE. Al final de este, comenté que dedicaría los siguientes artículos a comentar algunos aspectos problemáticos de esta ley. Aquí va el primero, mi opinión personal la confusión que se ha generado alrededor de la evaluación.

En otras ocasiones en el blog, ya he comentado que, a mi juicio, no existe contradicción entre la evaluación calificadora y la evaluación formativa. Son dos caras de la evaluación que son necesarias, comparten elementos en común (un currículum, los alumnos...) y que necesitan que se discuta y reflexione sobre el uso de una u otra, pero no que se suprima una para fomentar o potenciar el desarrollo de la otra como, a mi juicio, intenta de forma equivocada la LOMLOE.

Uno de los primeros problemas de la LOMLOE es que busca que se califiquen competencias específicas relacionadas con actitudes, maneras de ver o de hacer. Pongo como primer ejemplo las competencias específica número 10 de Lengua Catalana, Castellana y Aranesa con sus dos criterios de evaluación para 1º y 2º de la ESO:

Competència específica 10

Posar al servei de la convivència democràtica, la resolució dialogada dels conflictes i la igualtat de drets de totes les persones, les pròpies pràctiques comunicatives, utilitzant un llenguatge no discriminatori i desterrant els abusos de poder a través de la paraula, per afavorir un ús eficaç, ètic i democràtic del llenguatge.

10.1 Identificar i rebutjar els usos discriminatoris de la llengua, els abusos de poder a través de la paraula i els usos manipuladors del llenguatge a partir de la reflexió i l’anàlisi dels elements lingüístics, textuals i discursius utilitzats, així com dels elements no verbals que regeixen la comunicació entre les persones.

10.2 Utilitzar estratègies per a la resolució dialogada dels conflictes i la cerca de consensos tant en l’àmbit personal com educatiu i social.

¿Cómo valoraremos que un alumno pone 'al servicio de la convivencia democrática' sus prácticas comunicativas? ¿Pidiéndole que escriba un texto sobre el tema o haga una exposición? ¿Y qué entenderemos como 'uso discriminatorio de la lengua', o cuándo consideraremos que un alumno 'utiliza estrategias para la resolución dialogada de conflictos y la búsqueda de consensos'? 

Son aspectos actitudinales, totalmente subjetivos. Solo hay que pensar, por ejemplo, en el debate que existe entre la comunidad de filólogos sobre todo el tema del lenguaje discriminatorio y sobre si hay que usar el masculino, el femenino o formas neutras. ¿Ha de estar esta competencia al mismo nivel de la comprensión oral, la lectora o la literatura? ¿No sería más sencillo que hubiera una serie de valores transversales del currículum que poner una competencia así que se ha de calificar.


Otro ejemplo sería la competencia específica 9 de matemáticas con sus criterios de evaluación para 1º, 2º y 3º de ESO:

Competència específica 9

Desenvolupar destreses socials, com la cooperació, participant activament en equips de treball inclusius reconeixent la diversitat i el valor de les aportacions dels altres, per compartir i construir coneixement de matemàtic de manera col·lectiva.

1r, 2n i 3r

9.1 Cooperar en el treball en equip tant en entorns presencials com virtuals, escoltant els altres i valorant les seves aportacions, respectant la perspectiva de gènere, en situacions en què es comparteixi i construeixi coneixement de manera conjunta.

9.2 Col·laborar activament amb els altres, arribant a acords i complint-los, per assolir els objectius del grup relatius a la construcció del coneixement matemàtic, valorant l’èxit col·lectiu com una estratègia de millora personal.

9.3. Equilibrar les necessitats personals amb les del grup, des de l’empatia i el respecte, reconeixent la diversitat i el valor de les aportacions dels altres per generar nou aprenentatge matemàtic, tant individual com col·lectiu.

9.4. Ajudar a identificar errors i dificultats d’aprenentatge de les companyes i companys fent aportacions constructives i concretes que puguin ajudar a superar-los i a millorar.

¿Ha de ser determinante para la calificación de las matemáticas el que se participe o no en grupos de trabajo inclusivos? ¿Cómo se calificará que un alumno desarrolla unas destrezas sociales o que reconoce la diversidad? Estamos antes unas calificaciones que serán dadas en base a unos criterios totalmente subjetivos, puestas al mismo nivel que la resolución de problemas o el razonamiento alrededor de unos conocimientos matemáticos.


Los valores, actitudes o formas de trabajar son algo que se puede fomentar, y que podemos esperar que desarrollen nuestros alumnos, pero no son algo que se debería calificar, es decir, valorar poniendo una calificación (que con la LOMLOE pasa a ser solo de NA, AS, AN y AE), ya que son algo más profundo, que tiene que ver con la manera de ser de la persona.


Una lectura detenida de todas las competencias específicas y criterios de evaluación de la ley permite observar que uno de los objetivos que tiene es el desarrollo de la evaluación formativa. Sin embargo, comete a mi juicio el error de querer unificar evaluación formativa y evaluación calificativa, pretendiendo que la primera sea la base total para la segunda. Esto genera una cantidad de trabajo y de burocracia tremenda para el profesor, que, si sigue al pie de la letra la ley, en cualquier prueba, examen, tarea de clase... tendría que estar valorando de forma constante todas y cada una de las competencias específicas de cada área con sus respectivos criterios de evaluación.

El enfoque me parece que no es el adecuado. Es cierto que, tradicionalmente, hemos tenido un enfoque excesivo en la calificación. La evaluación calificadora es una evaluación que nos ayuda a situar al alumno en relación con el grupo, con el centro, con el resto de alumnos de su edad y con los objetivos de aprendizaje curriculares esperados en un momento determinado. Es una evaluación que certifica en relación con el resto de compañeros. Como sociedad, tenemos que tener una serie de aprendizajes esperados para cada curso, para cada área, para cada edad...

Sin embargo, para llevar a cabo esa certificación, no es necesario que todas las tareas que se hacen en el aula sean calificadas. Es cierto como apunta la investigación que, por ejemplo, cuando se da una prueba calificada con comentarios de feedback, los alumnos tienden a centrarse en la nota numérica y se olvidan del feedback que se da escrito o comentado. De ahí que sea bueno hacer tareas cuyo objetivo no sea la calificación, sino la evaluación formativa y el poder dar a los alumnos orientación sobre qué han de mejorar, dónde tienen fallos. 

Pero esto no significa que la evaluación calificadora no sea importante. La calificación es una muestra del rendimiento del alumno en comparación con el currículum esperado por la edad y el de sus compañeros de edad. Así, ayuda también al alumno, ya que posibilita que desarrolle su responsabilidad personal al constatar sus resultados en relación con lo esperado y a los compañeros. Pongamos el ejemplo de un equipo de fútbol o el de progreso en un videojuego (ejemplos ambos que los alumnos viven habitualmente): el jugar y ganar o perder un partido, o el progresar o no en el desarrollo de un juego, les ayuda a coger responsabilidad, y a tomar conciencia de su nivel de en qué punto están. Por supuesto que los entrenos y la práctica son importantes, y es importante que el entrenador o el game master los orienten sobre dónde han de mejorar, pero el partido y los resultados son importantes.

A mi juicio, el mezclar como se hace con la 'evaluación por competencias' la evaluación formativa y la calificadora solo genera confusión. Estas hay que dejarlas paralelas: para calificar, establecer una serie de pruebas mensuales, trimestrales o anuales del centro (si fuera posible, algunas evaluaciones establecidas por el ministerio o departamento sobre la base de un currículum claro y preciso curso a curso), que sirvieran para calificar y certificar. Estas han de ser sostenibles, ya que la solución no es que toda tarea que se haga se califique.

Por otro lado, estaría fomentar que el profesorado en su práctica diaria fuese incorporando prácticas de evaluación formativa y de dar feedback a los alumnos: uso de rúbricas, listas de cotejo, herramientas para dar feedback a todo el grupo, tests de bajo compromiso (low-stakes tests)... Y utilizar todas estas herramientas para que los alumnos profundicen de veras en los aprendizajes. Una proporción correcta podría ser que el 20-25% de actividades estuvieran enfocadas a la evaluación calificadora, mientras que el 75-80% de actividades, a la evaluación formativa. 

Ya lo comenté previamente, pero creo que uno de los grandes problemas que tenemos es que no se aceptan y no se quieren establecer una serie de aprendizajes mínimos y esperados para cada edad. De ahí la inconcreción de la que adolece el currículum competencial, la cual va cada vez a más... No se quiere establecer una edad en la cual los alumnos deberían de haber aprendido a leer, o saberse las tablas de multiplicar, o tener un cierto nivel de inglés, o unos conocimientos históricos. Estos objetivos esperados no se establecen porque se piensa que, si se hiciera así, se discriminaría aquellos que no llegasen, cosa que es falso. Podemos tener unos objetivos y contenidos esperados muy concretos para cada edad, ayudando después a aquellos que no llegaran a conseguirlos.

Por último, otra de las cosas que hace la ley es hacer desaparecer los números de los boletines de calificaciones de primaria y secundaria. ¿Era esto necesario? ¿Qué problema hay en que la evaluación calificadora incluya un número? Si precisamente, este ayuda y orienta tanto a los alumnos como a los padres. Podría haberse animado a que se incluyeran comentarios cualitativos de mejora sin quitar las calificaciones. En un boletín trimestral, podrían convivir ambos sin problemas. Es cierto que en día a día es mejor no mezclar calificaciones y dar feedback (de ahí lo que comentaba de separar claramente las tareas: de 4 redacciones, 3 pueden ser sin calificación, enfocadas en algún aspecto y una sí que puede enfocarse en la calificación), pero en un informe trimestral, ambas dimensiones pueden convivir.

Desgraciadamente, se está muy cerca de volver al modelo de la LOGSE (PA, NM), ya que ahora se está tan solo con (NA, AS, AN, AE). Prohibiendo los elementos que ayudan al alumno situarse en el contexto y a ser consciente de su responsabilidad no lo ayudamos, sino que lo confundimos y, en etapas superiores, dificultaremos su progreso y el trabajo de los profesores. 

¿Cuál es mi propuesta? Tener un currículum claro, con unos objetivos de aprendizaje curso a curso. En este contexto, habría pruebas de calificación  de en cada unidad de forma mensual y trimestral. De forma paralela, se iría trabajando en la inclusión en el día a día en el aula de prácticas de evaluación formativa que ayudasen a los alumnos a regular su aprendizaje, en la línea de lo que explican Mariana Morales y Juan Fernández en su libro 'La evaluación formativa' o Daisy Christodoulou en libros como 'Making good progress?'. 

domingo, 13 de febrero de 2022

A vueltas con la evaluación: la obsesión de los ideólogos de la 'nueva educación' con las notas y los exámenes

Photo by Joshua Hoehne on Unsplash


Desde hace un tiempo existe una cierta animosidad y obsesión contra la evaluación calificativa y el uso de los exámenes. Esto lo estamos viendo en Cataluña donde, durante las últimas semanas, se han publicado los decretos de enseñanzas curriculares ajustados a la nueva ley de educación, la LOMLOE.

Estas reformas se caracterizan desde hace unos años por una inexplicable obsesión contra las notas numéricas y la utilización de exámenes. En concreto, el gobierno de Cataluña ha apostado por sustituir las calificaciones trimestrales de los alumnos por 'valoraciones cualitativas', apostando porque se califique a los alumnos tan solo a final de curso (en la ESO) y al final de ciclo (en primaria).

Me parece una obsesión con poco fundamento porque, según mi parecer, la evaluación calificadora y la evaluación formadora no hay que oponerlas. Son dos caras de la evaluación, que comparten elementos en común, pero que no hay que oponer la una o la otra.

La primera, la evaluación calificadora, es una evaluación que nos ayuda a situar al alumno en relación con el grupo, con el centro, con el resto de alumnos de su edad y con los objetivos de aprendizaje esperados a una edad determinada. Es una evaluación que no es perfecta, y la evaluación nunca debería de ser exclusivamente calificadora, pero es necesaria. Como sociedad, tenemos que tener una serie de aprendizajes esperados para cada curso, para cada área, para cada edad...

De aquí viene, me parece, una de esas razones de esa obsesión contra la evaluación calificadora. No se aceptan y no se quieren establecer una serie de aprendizajes mínimos y esperados para cada edad. De ahí la inconcreción de la que adolece el currículum competencial, la cual va cada vez a más... No se quiere establecer una edad en la cual los alumnos deberían de haber aprendido a leer, o saberse las tablas de multiplicar, o tener un cierto nivel de inglés, o unos conocimientos históricos. Estos objetivos esperados no se establecen porque se piensa que, si se hiciera así, se discriminaría aquellos que no lleguen, pero esto es falso.

Lo que está pasando es que los únicos alumnos que están alcanzando los aprendizajes esperados son aquellos que tienen un soporte externo, o unos padres que se preocupan por la educación de sus hijos y que tienen los recursos para ello y les ponen profesores particulares, academias de inglés, extraescolares de música, de matemáticas... La escuela está renunciando a su función de potenciadora de saberes y de ascensor social para todo el alumnado.

Al no tenerse claro qué se espera de un alumno a una edad determinada, estos van pasando de curso en curso con una serie de lagunas para las cuales no se pone solución. Este es uno de los efectos de esta obsesión contra la evaluación calificadora y las notas.

La segunda, la evaluación formativa, es fundamental, no lo negaré. Esta puede llevarse antes de iniciar el aprendizaje, para valorar los conocimientos previos del alumno, durante el aprendizaje, al acabar... la pueden llevar a cabo el alumno, el profesor, los compañeros. Es cierto que la evaluación para el aprendizaje es necesaria y que durante un tiempo posiblemente hubiera sido dejada de lado. Es bueno que un alumno se autoevalúe sobre si domina una serie de indicadores, son buenas las valoraciones cualitativas y orientativas al alumno, indicándole hacia dónde debe ir, qué aspectos son los que tiene menos desarrollados. Las rúbricas pueden ser una gran herramienta para valorar procesos complejos como la expresión escrita, la expresión oral o un proyecto.

Pero lo que se pretende es sustituir la evaluación calificadora por una evaluación cualitativa, aspecto con el que no puedo estar de acuerdo. La evaluación calificadora tiene un sentido de acreditación de los aprendizajes a nivel social y en comparación con los iguales que es útil, y que ayuda al alumno. Esta evaluación calificadora ha de llevarse a cabo de forma paralela a la evaluación formativa y cualitativa durante antes, durante y después del proceso de aprendizaje, orientando al alumno, dándole protagonismo y ayudándole a que pueda valorar dónde poner más o menos esfuerzo.

Alguno dirá... pero el Departament d'Educació no apuesta por esto. Si esto es así, ¿a qué viene esta obsesión contra la escala del 1 al 10, que es la más sencilla? ¿Por qué crear esas siglas que cuesta tanto entender 'NA', 'AS', 'AN', 'AE'? ¿Por qué se cambia el 'NA' por 'EPA' (en procés d'assoliment)? ¿Por qué en el borrador de bachillerato se apuesta también por esta nomenclatura dejándose de lado los decimales? Cuando haya que desempatar entre dos alumnos que tengan la misma media para cursar unos estudios, ¿se usará una valoración cualitativa? 

Y es que querer valorar todo por rúbricas, diarios de aprendizaje, comentarios personales, hojas personalizadas de competencias e indicadores adquiridos... lleva a la burocracia, y a generar toda una cantidad de papel que no es útil ni para el alumno, ni para el maestro ni para la certificación de los aprendizajes. ¿Significa esto que apueste porque todo se valore con exámenes y notas cuantitativas? No, ya que tampoco sería útil. A mi juicio, debiera de haber:
- Unas evaluaciones estandarizadas a final de curso o de ciclo de los saberes fundamentales y de las principales áreas.
- Unos objetivos y contenidos de aprendizaje esperados por cursos, claros y concretos. Para atender a aquellos alumnos que estuvieran por debajo, se pondrían todos los medios posibles.
- Evaluación calificadora. El 25% de las actividades, a mi juicio, debieran de ser de calificación.
- Evaluación formativa. El 75% de las actividades debieran de ser formativas. Por autoevaluación, coevaluación, etc.

Mi sensación es que lo que se quiere con esta reforma es maquillar el altísimo fracaso escolar que tenemos en Cataluña. Son cada vez más los alumnos con lagunas importantes en matemáticas, en comprensión lectora, en escritura... y, en vez de optar por una reforma que devuelva la claridad de objetivos y la apuesta por prácticas basadas en la evidencia y el éxito de resultados se opta por un modelo, el competencial, que ha demostrado que no funciona.

Relacionado con esto que comentamos, Carlos Monereo afirmaba al inicio de este programa de TV3 (la transcripción es mía; los extractos son de los 3 primeros minutos):


 

 "El tema está en para qué sirve un suspenso desde el punto de vista educativo. Más que calificar, descalifica a la persona y te dice, estás por debajo de los demás, y no le da ninguna idea sobre cómo mejorar. El nuevo decreto tiene este acierto, y  apuesta por informes individuales con una apuesta por la profesionalización"

"Tenemos que distinguir la enseñanza postobligatoria, en la que formamos profesionales, de la obligatoria, en la que formamos ciudadanos. Todos seremos ciudadanos y hemos de esperar que lo sean de la mejor forma posible, por lo que suspender a alguien de ciudadano es absurdo"

Monereo incurre en diversas falacias. ¿Cómo que el tener un suspenso 'descalifica a la persona'? ¿Por qué mezcla una calificación negativa en catalán, matemáticas o inglés con 'descalificar a la persona'? Con una nota se valora el nivel de logro en una escala en un ámbito en concreto de un alumno con respecto a unos indicadores determinados. Por supuesto que no es algo perfecto, y nunca cubrirá todos los aspectos de un ámbito de conocimiento, pero sirve al alumno, al profesor y a la sociedad para ver en dónde se está respecto a unos criterios esperados. ¿A qué viene ese decir que se 'descalifica a la persona'? Es una referencia para ver en dónde se está. Por supuesto que hay que acompañar la calificación negativa con orientación personal sobre cómo mejorar, pero no hay problema en que veamos que estamos por encima o por debajo en un área concreta de otras personas, porque somos diferentes. Yo nunca he destacado en el ámbito musical, por ejemplo, y no me he sentido descalificado por ello.

Luego viene la segunda afirmación... ¿Qué tiene que ver el ser 'ciudadano' con las calificaciones de las áreas académicas? ¿Está diciendo que el único objetivo de la escuela es tener a 'alumnos ciudadanos' durante 10 años y que, si se les pone un 4 en matemáticas o ciencias naturales porque no han estudiado un control, o porque les cuesta esa área... se está 'suspendiendo al ciudadano'? ¿Realmente espera sustituir las calificaciones cuantitativas en los colegios por valoraciones individuales de los 25 alumnos que hay por aula de todas las áreas? ¿Se cree este señor que esto es manejable para el profesorado? ¿Y se piensa de verdad que sería útil? 

Bueno, esta es mi reflexión por hoy... La entrevista a Monereo tiene todavía más cosas, que dejaré para el próximo artículo... Quiero compartir 2 artículos que escribí hace un tiempo que conectan plenamente con este tema:




jueves, 9 de abril de 2020

Algunos pensamientos educativos sobre las últimas semanas

Photo by tracey gayle from FreeImages
No he escrito nada en el blog durante las últimas semanas, que han coincidido con el inicio de la crisis del Coronavirus (las últimas entrada son del fin de semana del 1 y 2 de marzo, el fin de semana previo a que se agravara la situación).

En esta breve entrada, quiero comentar varios temas que han salido durante estos días. El primero es la tendencia que he visto en algunos ambientes educativos, por parte de los agoreros de siempre, a afirmar que estábamos ante un cambio de paradigma. Según estos, la situación en la que se han tenido que suspender clases estaría mostrando la necesidad de cambiar y abandonar el paradigma tradicional (este artículo de Eduard Vallory va en esta línea). Otros, por su parte, defienden que la suspensión de las clases presenciales sería el 'empuje' definitivo a la docencia online y el uso de las tecnologías. 

En este sentido, no puedo estar más en desacuerdo con este tipo de afirmaciones. Estamos en una situación de emergencia, y lo que está intentando hacer el sistema educativo con clases online, etc. busca compensar lo que se hace habitualmente, pero lo que se haga nunca será igual de bueno que la educación presencial. ¿Por qué? Porque la enseñanza y el aprendizaje son un acto profundamente humano y, en él, es fundamental precisamente esa relación personal que se establece entre dos personas, alumno y profesor, alrededor de un contenido. Muchos están empezando a constatar precisamente esto, cómo echan en falta, al tener que funcionar a través del correo, o de un Classroom, esa relación personal, la mirada, esa conversación... 

Photo by Ante Vekic from FreeImages
Algunos dirán, ¿pero no existe educación online de probada eficacia? Sí, existe educación online (yo, personalmente, llevo estudiando varios años diversas asignaturas, cursos... online), pero está enfocada especialmente para las edades superiores: etapas post-obligatorias como el Bachillerato, la FP o la universidad y, apurando, los últimos cursos de secundaria. ¿Y por qué no suele haber programas para los cursos anteriores? Porque para tener éxito en la educación online hace falta tener una capacidad de autorregulación, de habilidades básicas (de lectura, de escritura, de uso de herramientas digitales...), de conocimientos básicos... que hace que para las edades inferiores no sea la mejor opción. ¿Significa esto que no tengamos que hacer nada, entonces, en este contexto? No, no quiero decir eso. Es bueno que intentemos llegar al máximo número de alumnos en esta situación y que les facilitemos recursos digitales, analógicos... para que puedan progresar en su aprendizaje, pero teniendo siempre en cuenta que nunca será tan buena opción como la docencia presencial. Y nunca habrá nada como tener un contexto cultural familiar sano y rico culturalmente, en el que haya conversaciones familiares, buenas bibliotecas, en el que se puedan leer clásicos, escuchar buena música...

Este era uno de los temas. El otro es alrededor de todo el debate que ha surgido en los últimos días sobre la evaluación y la calificación del curso. No me sorprenden las 'Fake News' que propagan algunos medios alrededor de cuestiones como el pretendido 'aprobado general en Italia'. Italia no ha aprobado un 'aprobado general'. Simplemente ha propuesto medidas de flexibilización que, curiosamente, son tremendamente parecidas a las que se tomarán en España. Contar los 2 primeros trimestres y que las calificaciones del 3º trimestre que están llevando a cabo en casa no perjudiquen al alumno teniendo en cuenta el efecto que puede tener su contexto sociocultural familiar durante estos días. 
En España se defiende que, en el contexto actual, la repetición se reserve a casos extraordinarios. Y me parece bien. ¿Realmente queremos que un alumno que tenga graves problemas de comprensión lectora, o que no haya aprendido a leer en 1º y 2º... pase al siguiente curso? ¿No somos conscientes de lo bien que les va a algunos alumnos poder tener un curso más para madurar y enganchar con los aprendizajes básicos? En Italia se propone que los alumnos que hayan suspendido empiecen el curso antes. ¿Realmente preferimos esto para ellos? Estamos ante un tema serio, que merecería un debate a fondo y que toda la sociedad remase a una en ello. Tengo la sensación, sin embargo, de que vamos a salto de mata y los medios de comunicación se limitan a tratar el tema desde un punto de vista ideológico en el que se devalúan el conocimiento, el esfuerzo...

Un último tema serían las críticas ideológicas a las calificaciones. Calificar, poner notas numéricas... es un proceso necesario en educación, que no tenemos que oponer a la evaluación. Estoy totalmente de acuerdo en que no se podrá hacer con los mismos criterios que en un contexto presencial, pero ¿Por qué esta manía de oponer evaluación y calificación? Recupero un par de párrafos de un artículo que escribí sobre esta falsa oposición:

Es que la evaluación calificativa es una gran herramienta. Y sí, no todos obtenemos los mismos resultados en ella, pero es beneficiosa. Si ahora me presentase a una carrera de 100 metros lisos o a una oposición de médico pues seguramente no tendría buenos resultados, pero es lo que hay. Y nos irían bien más pruebas de evaluación diagnóstica, generales y numéricas que, en momentos claves de la enseñanza nos dieran registros de resultados: sobre el aprendizaje de la lectoescritura, en el cambio de 3º de primaria a 4º, en el cambio a secundaria, etc.

Y es que la mejora de la evaluación formativa no ha de ir en detrimento de las calificaciones y de las notas. ¿Por qué se contrapone el uso de rúbricas, de cuestionarios de autoevaluación, de cuadernos de reflexión, la evaluación constante del profesor en el aula... al uso de las calificaciones? No hay que oponerlos.

Espero volver a escribir en el blog y a retomar las lecturas sobre educación en los próximos días. Mucho ánimo a todos.

lunes, 11 de febrero de 2019

La confusión en la evaluación



Desde hace unos años vivimos en España, y especialmente en Cataluña, en medio de una deliberada confusión alrededor de la evaluación y de lo que significa evaluar. Como bien se sabe, existen 2 tipos de evaluación: la formativa, que sirve para el aprendizaje y que se hace durante todo el proceso de enseñanza y la calificativa, que se suele hacer al final de proceso y cuyo principal objetivo es el rendir cuentas a nivel social, situando al alumno, a la clase, comparándolos con los demás y objetivando el trabajo que se realiza en la escuela.

A primera vista no debería de ser tan complicado trabajar la mejora de forma paralela tanto de la evaluación formativa como de la calificadora. Pero no; en Cataluña, desde hace unos años se defiende que, para 'el cambio evaluativo', para mejorar la evaluación formativa, lo que hay que hacer es cambiar el sistema de calificaciones. Se mezclan 2 aspectos que, aunque están relacionados, no son lo mismo. ¿Qué tiene que ver el que se cambien los números por 'notas de logro' más generales (AE, AN...) con la evaluación formativa? ¿Realmente nos creemos que cambiando esto mejoraremos la evaluación para el aprendizaje? Lo único que estamos consiguiendo es confundir a los profesores, obligándoles a adaptar un sistema que es poco claro y que, a la larga, llevará a que sea más difícil valorar los resultados de las escuelas de forma objetiva. ¿No se dan cuenta de que para calificar lo más sencillo, como nos ha demostrado la experiencia, es hacerlo del 1 al 10 (o del 0 al 100)?

Es que estamos confundiendo cosas. Para mejorar la evaluación formativa no tenemos que hacer desaparecer la calificativa, o quitar los exámenes finales, o de recuperación. ¿Alguien se imagina que se quitaran los resultados de la Liga de fútbol profesional? ¿Será lo siguiente que para el acceso a una oposición de maestro, a una plaza de registrador de la propiedad... se quiten las notas numéricas? ¿Dejará de valorarse el mérito? ¿Estamos seguros? Cuando en un concurso público se presenten diversos proyectos, ¿realmente se dejará de puntuar para coger el mejor?

Es que la evaluación calificativa es una gran herramienta. Y sí, no todos obtenemos los mismos resultados en ella, pero es beneficiosa. Si ahora me presentara a una carrera de 100 metros lisos o a una oposición de médico pues seguramente no tendría buenos resultados, pero es lo que hay. Y nos irían bien más pruebas de evaluación diagnóstica, generales y numéricas que, en momentos claves de la enseñanza nos dieran registros de resultados: sobre el aprendizaje de la lectoescritura, en el cambio de 3º de primaria a 4º, en el cambio a secundaria, etc.

Y es que la mejora de la evaluación formativa no ha de ir en detrimento de las calificaciones y de las notas. ¿Por qué se contrapone el uso de rúbricas, de cuestionarios de autoevaluación, de cuadernos de reflexión, la evaluación constante del profesor en el aula... al uso de las calificaciones? No hay que oponerlos. Dylam William propone en el libro What does this look like in the classroom? que, de todo el trabajo que hacen los estudiantes:
- El 25% lo corrija el profesor de forma detenida
- A otro 25% le eche un vistazo
- Un 25% lo valoren ellos mismos con el profesor siguiendo el proceso de autoevaluación
- El último 25% sea corregido por parejas



Es una idea, pero como se ve no ha de ir en contra de las calificaciones, que ayudan al alumno, a su familia, a la escuela, a situarse respecto a sus iguales y al contexto sobre hacia dónde ir. Por eso que me preocupe esta progresiva 'ocultación' de las calificaciones y que cada vez se opte más por evaluar habilidades generales que son en muchas ocasiones totalmente subjetivas y difíciles de evaluar como la 'creatividad', la 'colaboración', la 'resiliencia'.... A veces queremos hacer las cosas mucho más difíciles de lo que realmente son.

Tengo la sensación de que, cada vez más, se quiere huir de los resultados reales de los proyectos de mejora, de innovación... por los que se opta. Cuando se opta por un cambio a nivel general tendríamos que valorar el impacto que tiene en el aprendizaje de la lectura, de la escritura, de las matemáticas, de las ciencias... Sin embargo, ¿de cuántos colegios, por ejemplo, de Escola Nova XXI tenemos referencia de sus resultados reales sobre estos aspectos? ¿Cuántos estudios con grupo de control se han hecho para valorar el impacto de las medidas? Esto es algo que tenemos que tener en cuenta.