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lunes, 10 de junio de 2019

'Los pedagogos' (IV): Jean Jacques Rousseau



Hoy toca hablar en el blog sobre uno de los pedagogos que han tenido más influencia en el mundo educativo, Jean Jacques Rousseau. Lo primero que llama la atención de la figura de Rousseau es que no educó a ninguno de sus hijos: todos los que tuvo fruto de su unión con Thérèse Levasseur fueron enviados al orfanato. No solo esto; su experiencia en la enseñanza se limitó a unas pocas semanas como preceptor interino. A pesar de esto, su pensamiento educativo y su visión del alumno han obtenido una gran predicación. 



La gran obra de Rousseau es el 'Emilio', una obra en la que se plasma su pensamiento pedagógico. Este tiene como protagonistas a 'Emilio', un niño que va creciendo, el 'gobernador', que es el maestro de 'Emilio' y el propio Rousseau, que es el que guía los pasos del 'gobernador'. En 'Los pedagogos', de Viguerie hace un muy buen resumen tanto de la narrativa del libro como de las principales ideas que guían al pedagogo francés. De entre ellas, me interesaría destacar las siguientes:

- Rousseau defiende que, el niño recién nacido, está todavía en el 'estado natural', alejado de la corrupción de la sociedad, y el trabajo del educador consistirá en obrar de modo que aprenda lo que será necesario para su vida futura separándose lo menos posible de esta pureza natural. Ahora bien, esta pureza natural es la ignorancia. La ignorancia es natural en el hombre, mientras que el pensamiento va contra su naturaleza.

- Para el autor francés, el primer acto de educación consiste en retirar el niño de sus padres. Afirma que el preceptor ha de ser designado antes del nacimiento del niño. Para Rousseau, los padres son 'dos ausentes', cuya presencia podría ser perjudicial.

- El educador ha de ser lo más joven posible (con el fin de que no esté 'contaminado' por la sociedad y esté lo más cercano a ese estado de 'sabiduría natural'. Su intervención ha de ser lo 'más débil posible', teniendo cuidado de no enseñarle más que lo mínimamente necesario. Es la 'educación negativa', y trasmite una visión profundamente negativa del maestro.

- Para Rousseau, no es importante tener conocimientos. La ciencia no es nada, juzgar bien lo es todo. Hay que mantenerse lejos del saber, porque ofusca al hombre y falsea su juicio. Para conseguir esto, está la 'educación negativa'. "Yo enseño -escribe Rousseau- un arte muy largo, muy trabajoso, el de ser ignorante".

- Si hay algo que une a Descartes y Rousseau es la idea de que es mejor no saber nada que aceptar un saber que no sea absolutamente cierto. Lo que guía la adquisición de los conocimientos que se inculcan, como la física o la geografía, es la utilidad, y no el deseo de saber. Si se aprenden es porque 'ejercitan los sentidos' y 'procuran bienestar'. Estos han de ser enseñados sin manuales, teorías o lecciones verbales. Han de partir de la experiencia. 

- Se prohíben los libros. Aquí se pueden destacar alguna de las frases de Rousseau sobre los libros que recoge Jean de Viguerie: "Odio los libros", "El niño que lee no piensa. No hace otra cosa que leer... y aprender palabras", "La lectura es el azote de la infancia". ¿Realmente alguien puede basarse en el pensamiento de Rousseau para defender alguna postura educativa? Rousseau condena el saber y, por consiguiente, los libros que lo transmiten. Llama la atención como Rousseau rechaza la transmisión de la cultura radicalmente. Esto se ve, por ejemplo, en su rechazo a la enseñanza de la lengua, la lectura

- Rousseau tiene un concepto superficial del conocimiento intelectual, lo que explica en parte su sistema de educación. Su filosofía se basa en el empirismo de Locke. En su opinión, "las ideas simples se forman por la unión de varias sensaciones", y las complejas, "por la unión de varias ideas simples". De ahí, la importancia que da al ejercicio de los sentidos y a la multiplicación de las sensaciones, prefiriendo la experiencia sobre la teoría.

- En Rousseau se ve un claro desconocimiento de cómo es el niño. El autor ignora que todo niño normalmente constituido tiene ganas de aprender y, efectivamente, aprende. Les niega la imaginación y la memoria. Afirma que jamás vio a un niño sumergirse con ganas en un libro y a las niñas las considera ignorantes por vocación: "Casi todas las niñas aprenden a leer y a escribir con repugnancia". Otra idea clave de Rousseau en este sentido es que hay que conseguir del niño "que crea siempre ser el maestro". Hay un punto de mentira en esta idea de Rousseau, porque defiende que el preceptor no cese de organizar para su alumno situaciones ficticias.

- Excluye el acto de autoridad: "El niño no debe de hacer nada en contra de su voluntad"; "No le ordenéis jamás nada, pase lo que pase en el mundo, absolutamente nada. Incluso no le dejéis imaginar que pretendéis tener autoridad sobre él".

Las ideas de Rousseau tienen una profunda influencia hoy en día. Un ejemplo es en las creencias sobre cuál ha de ser el papel del maestro: ¿Cuántas veces hemos oído últimamente que ha de dejar de tener un papel protagonista, que ya no ha de 'enseñar' sino ha de 'facilitar el aprendizaje'? En todos los métodos no-directivos, en aquellos que apuestan de forma generalizada por el aprendizaje por descubrimiento... están estas ideas de fondo.

Otro ejemplo sería el utilitarismo. Esa visión de que solo hay que estudiar aquellas materias que puedan ser 'útiles'. Aquí, gran parte de las humanidades como la historia, la literatura, el latín, la filosofía... son dejadas de lado.

También podemos ver ecos de Rousseau en la defensa del aprendizaje a través de la 'experiencia' y el rechazo al libro, a los manuales, a la instrucción a través de palabras. Esto se ve en corrientes como el 'Learning by doing', en la apuesta por las llamadas 'metodologías activas', en la creencia de que un alumno no puede aprender de la lectura en silencio de un buen libro o por la asistencia a una buena clase de instrucción directa.

Y estarían también las nuevas tecnologías, como destaca François Xavier-Bellamy en 'Los desheredados'. Su desarrollo deja entrever la posibilidad de un cumplimiento inaudito de la promesa de Rousseau, el de una infancia liberada, por fin, de toda transmisión. ¿Para qué vamos a hacer aprender a las nuevas generaciones todo el saber cultural si está ya al alcance de un solo 'clic' en Internet? Podremos movilizarlo de forma inmediata en lo que necesitemos sin pasar por terceros, dejando de ser necesaria la transmisión. Cualquiera que esté bien informado sobre cómo aprendemos, sabrá que no es así, pero vemos como estamentos políticos, educativos, administrativos... alaban de forma unánime los méritos de la 'escuela conectada' y del uso de pizarras digitales, tabletas táctiles. Aquí Bellamy destaca la paradoja de que aquellos que son tan desconfiados siempre respecto del mundo de la empresa se sitúan, sin complejos, al servicio de los gigantes de la industria digital, ejerciendo de comerciales suyos.

La influencia de Rousseau, como se ve, es considerable hoy en día, y se hace necesario conocer a fondo sus ideas para ser capaces de rebatirlas y saber de dónde venimos y a dónde vamos. Rousseau, junto con tantos otros como Descartes, Bordieau... han hecho un gran daño a la idea de transmisión, y hoy en día es cada vez más necesario que reivindiquemos el valor de la transmisión, del hacer partícipes a las nuevas generaciones de nuestra amplia y rica tradición cultural. Los dos libros de Jean de Viguerie y de François Xavier-Bellamy (de los que he tomado citas y referencias para el artículo, en concreto de los capítulos sobre Rousseau) son una gran referencia:

Bibliografía:
  • de Viguerie, J. (2019). Los pedagogos: ensayo histórico sobre la utopía pedagógica (1st ed., pp. 57-69). Madrid: Ediciones Encuentro.
  • Bellamy, F. (2018). Los desheredados. Por qué es urgente transmitir la cultura (1st ed., pp. 43-68). Madrid: Ediciones Encuentro.

domingo, 5 de mayo de 2019

'Los pedagogos' (III): John Locke



Seguimos con la serie de artículos del magnífico libro de Jean de Viguerie de 'Los pedagogos'. Después de haber hablado de Erasmo de Rotterdam y de Comenio, hoy toca dedicar un artículo a la figura del inglés John Locke. Locke fue una de las principales figuras del siglo XVII inglés y estuvo plenamente involucrado en el ambiente cultural y político del país anglosajón. Entre sus diferentes facetas, hay que destacar su interés por la educación.



Su pensamiento educativo parece, a primera vista, sensato. Destaca la importancia de mostrar aprecio por el niño, de hacerle comprender que se le quiere, el ser moderadamente severo, el conseguir que el niño domine sus apetitos e inclinaciones...

Sin embargo, para Locke no es prioritario desarrollar la inteligencia el niño. Para él, aunque la instrucción es necesaria, 'no es el principal objetivo de la educación', porque para él, 'el hombre virtuoso y sabio' es superior al 'más capaz de los académicos'. Esto puede ser cierto, pero, como afirma Jean de Viguerie, '¿No podría conseguirse que el buen académico fuese al mismo tiempo virtuoso y sabio?'. Tenemos aquí quizás el germen de la oposición que se establece hoy en día entre la función académica e instructora de la escuela y la educadora, como si ambas fuesen incompatibles. La principal función de la escuela ha de ser la académica y es a través de ella que se pueden trabajar las otras funciones y dimensiones, no oponiéndolas.

John Locke da también una significativa preferencia a los conocimientos 'útiles'. En la escuela hay que aprender aquello que sea 'útil': trabajos prácticos, lenguas como el francés o el latín... Otras áreas como la filosofía y la gramática es mejor dejarlas, ya que no tienen un valor útil real. 

Defiende también que es mejor dejar las disertaciones y los versos latinos. Para Locke, 'El pobre niño no sabe nada de lo que tiene que hablar... No piensa nada' (sic).  En esta línea está su visión de la memoria, de la cual tiene una idea simplista: la ve como algo separado de la inteligencia y no cree que pueda ser entrenada mediante el hábito y el ejercicio. 

Existe en el pensamiento educativo de Locke un marcado antiintelectualismo, que se acrecienta cuando se considera su visión de la literatura y los libros. ¿Han de leer los niños? Sí, pero no más de 10 libros (él realiza una pequeña lista, que incluye Las Fábulas de Esopo, 3 historiadores latinos de 2ª fila, una historia santa, un catecismo y un par de obras más). Recomienda 'no atiborrar las cabezas', ya que cree que no es conveniente 'llenar la cabeza de los niños de conocimientos' (esta afirmación de hace 3 siglos es muy similar a las que hacen algunos gurús actuales).

Luego está su visión del alumno y de cómo ha de ser la relación con él por parte del profesor. Irá contra lo que él considera el 'método tradicional de las escuelas'. John Locke está en contra de dar órdenes y de obligar. ¿Cómo conseguirá entonces que el niño le haga caso? El arte supremo consiste en transformar en juegos todo lo que los niños deben hacer, incluido el estudio. Como se puede ver, Locke es uno de los primeros defensores de la gamificación y del Learning by doing, 2 'nuevas metodologías' con tres siglos de edad. 
Para él, hay que 'engañar a los niños', haciéndoles jugar hasta que se cansen de hacerlo y pidan el ponerse a estudiar. Defender el engañar al niño es un planteamiento cuanto menos peculiar, ya que por un lado es una falta de respeto hacia su persona y, por el otro, posiblemente acabe generando que no distinga entre juego y estudio (como nos pasa hoy en día). 

El pensamiento educativo de John Locke, pues, tiene diversos ejes que hay que tener en cuenta porque sus reminiscencias son plenamente actuales:
a) La oposición entre el ser un buen académico, lo intelectual y el ser buena persona. Contrapone en cierta medida ambos aspectos.
b) El antiintelectualismo, con una visión reducida de la memoria, que separa de la inteligencia, la depreciación de la lectura.
c) El utilitarismo: solo vale en la instrucción aquello que tiene una función útil.
d) Una visión del alumno que lo desacredita, ya que defiende el engañarlo para que haga lo que quiere el profesor. 
e) La mezcla y confusión entre aprendizaje y juego, una idea que en los siguientes siglos cogerá más fuerzas.

Como se ve, muchos de los planteamientos actuales que apuestan por una escuela en que se dedique más tiempo a las materias consideradas útiles, por la desacreditación de la memoria (no atiborremos las cabezas de los niños de datos), por el juego... hunden sus raíces en el pensamiento de Locke. Es bueno conocer el pasado para saber de donde vienen nuestras ideas, aquello en lo que creemos y hacia dónde queremos ir. En el siguiente post, toca hablar sobre una figura clave en la evolución del pensamiento occidental y educativo: Jean-Jacques Rousseau.

Bibliografía:
  • de Viguerie, J. (2019). Los pedagogos: ensayo histórico sobre la utopía pedagógica (1st ed., pp. 45-56). Madrid: Ediciones Encuentro.