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domingo, 20 de junio de 2021

¿Qué es un profesor tradicional?

Photo by Alvaro Marques Hijazo a Wikipedia

Hoy en día, cuando se habla de educación o didáctica tradicional, se acostumbra a partir del presupuesto de que el hecho de que algo sea tradicional equivale a que sea malo, pasado de moda, inadecuado... ¿Es esto así? ¿Tenemos que descartar todo aquello que sea definido como tradicional?

Hará cosa de unas semanas, me llamó la atención un artículo de Anthony Radice titulado "¿Qué es un profesor tradicional?", que iba en esta línea. Anthony Radice es un profesor del Reino Unido que escribe en el blog 'The traditional teacher' y, en este caso, quería compartir su visión de lo que es la 'educación tradicional'. Comentaré algunas de las ideas que aporta, porque me parecen muy interesantes.

Para Radice, "El profesor tradicional tiene claro que su rol principal es la transmisión de conocimiento valioso y, el secundario, la formación de buenos hábitos." En otras palabras, conocimiento para la mente y disciplina para la voluntad.

A continuación, desarrolla estos dos puntos:

Formar buenos hábitos (recojo solo los dos primeros párrafos):

El conocimiento no puede ser adquirido sin buenos hábitos. Un alumno que no se concentra, que no trabaja duro, que interrumpe al profesor y a sus compañeros, permanecerá ignorante y arrogante. Para que el conocimiento pueda ser adquirido, hay que superar el egocentrismo; el alumno ha de darse cuenta de su propia ignorancia y del hecho de que hay otros que saben más que él. Ha de constatar que, para poder conseguir el conocimiento que otros han llegado a dominar, necesitar un esfuerzo largo y sostenido en el tiempo. Un programa riguroso de estudio académico se sustenta en las cuatro grandes virtudes humanas: prudencia, justicia, templanza y fortaleza. Un alumno tiene que tomar decisiones acertadas sobre cómo usar mejor su tiempo; tiene que hacer justicia a su maestro haciendo caso a las indicaciones y demostrando gratitud por el regalo del conocimiento; tiene que ser templado, especialmente por lo que se refiere a la manera de hablar; tiene que mostrar fortaleza si quiere perseverar en dominar las disciplinas académicas.

Estas virtudes no se adquieren de la noche al día de igual forma que un conocimiento profundo no se adquiere a través de leer unos cuantos artículos de la Wikipedia. Son adquiridas a través del esfuerzo persistente por superar el egocentrismo, a través de la práctica repetida basada en una instrucción ejercida con autoridad. Para que exista la posibilidad de que sean adquiridas, la comunidad ha de valorar estas virtudes como la norma, habiendo consecuencias públicas de ser imprudente, injusto, poco templado o cobarde.

Esta me parece una primera reflexión muy interesante. Las virtudes académicas son las grandes olvidadas actualmente, tanto a nivel escolar como a nivel social. El esfuerzo sostenido, la concentración, el que sea valorado conocer y saber cosas... socialmente no es popular. En este contexto, la escuela ha de dejar llevarse por la sociedad o, por contra, ¿ha de apostar por reivindicar estas virtudes con el objetivo de potenciar y posibilitar a todos los alumnos?

La transmisión de conocimiento

Hablar y caminar son éxitos universales para los miembros de la raza humana. Son hitos cognitivos que son alcanzados a través del esfuerzo y la práctica repetida. Pueden ser aprendidos sin instrucción formal por la mayor parte de la gente porque los niños suelen estar envueltos de ejemplos y reciben feedback rápido sobre sus errores, bien porque no se les entiende o porque caen al suelo.

Incluso los logros humanos más universales no pueden ser descritos como naturales. Ser humano implica aprender de otros, depender de otros, someterse al ejemplo de la autoridad de otros en la comunidad, para madurar y crecer.

Esto es aún más cierto cuando nos referimos a la instrucción académica formal, que abre la mente a nuevas vistas, más allá de la experiencia inmediata exterior. Leer y escribir no son algo universal. Escribir con un alfabeto que representa los sonidos del habla es una invención bastante reciente si tenemos en cuenta todo el período de la historia humana. Es un alfabeto flexible y útil, que abre vastas y nuevas posibilidades de conocimiento y comprensión. Pero, para ser adquirido, requiere de instrucción formal. Los niños preferirán quizás correr y jugar con barro y palos. Seguramente tengan que tener tiempo para hacer este tipo de cosas. Pero nunca aprenderán a leer por hacerlas. Para aprender a leer, tienen que seguir las indicaciones de una autoridad, y trabajar duro bajo la guía de unos instructores.

El profesor tradicional reconoce la importancia de la instrucción forma, pero también reconoce sus límites. Lleva a cabo una distinción clara entre el trabajo y el juego. El trabajo requiere autodisciplina y esfuerzo. Hay un lugar para el juego, una vez que el trabajo ha sido acabado. Pero no hay que mezclarlos, porque si no, ninguno de los dos será correctamente valorado.

El profesor tradicional trabaja de forma intensa para transmitir el conocimiento que el niño necesita para formar parte de la comunidad de los adultos. Ve en el niño a un ser humano que todavía no está desarrollado del todo y acepta la responsabilidad de formar la mente de ese alumno introduciéndolo a los grandes hallazgos del hombre en literatura, historia, ciencias y matemáticas.

La vida es mucho más sencilla cuando uno reconoce que el trabajo duro es necesario para conseguir algo que sea valioso. Este trabajo hay que afrontarlo con todo el corazón, y lleva a una alegría más profunda que la que pueden conseguir la mera diversión o entretenimiento. Como escribió Aristóteles hace mucho tiempo, 'la alegría no consiste en la diversión'.

Una visión tradicional de la educación implica que tanto el profesor como el alumno saben que están llevando a cabo algo serio e importante de lo cual depende la continuación de la civilización humana. Todo lo que hacen tiene un propósito, y ese propósito va más allá de la gratificación individual, y eleva a toda persona a su dignidad humana completa, como miembro de una comunidad que lleva a cabo una aportación a su salud actual y a su existencia futura.

Esta segunda reflexión es todavía más interesante, ya que incide en un punto clave de la escuela que en el contexto actual estamos olvidando: el de su papel como transmisora de conocimiento, de toda esa gran tradición cultural que hemos ido adquiriendo durante siglos, que da en gran parte sentido a la vida humana. Poco más puedo decir. Quizás soy un profesor tradicional... Conocimiento y buenos hábitos: ¿para cuándo una escuela que apueste decididamente por estos dos ámbitos, en vez de unas competencias y 'soft skills' cada vez más vaporosas? Quizás deberíamos de apostar todos un poco más por una educación clásica y tradicional.

Bibliografía:

- Artículo original de Anthony Radice: https://thetraditionalteacher.wordpress.com/2021/05/23/what-is-traditional-teacher/

domingo, 20 de octubre de 2019

14 mitos educativos que hay que conocer

Photo by Nicole Honeywill / Sincerely Media on Unsplash


El otro día, Anthony Radice publicó un interesantísimo post en el que detallaba y explicaba 14 mitos educativos que, por más que se intenta, se resisten a desaparecer. Su blog, que lleva el sugerente título de 'The Traditional Teacher: wisdom rediscovered for the twenty-first century', vale la pena seguirlo (él es profesor de inglés y de literatura). No me he podido resistir a traducir la lista que elaboró, por su interés y por la actualidad que estos tienen también en nuestro país:

Mito 1: Recuerdas mejor las cosas cuando las descubres por ti mismo

El aprendizaje por descubrimiento solo funciona cuando ya eres un experto. A nivel escolar, los alumnos necesitan una instrucción completamente guiada. Esto se debe al hecho de que el proceso de descubrimiento sobrecarga la memoria de trabajo. Los alumnos pueden estar implicados de forma intensa en proyectos de aprendizaje por horas y no aprender prácticamente nada.

Mito 2: Aprendes mejor con tu estilo preferido de aprendizaje

Este es uno de los mitos educativos más persistentes. Puede ser que prefiramos ciertas formas de aprendizaje sobre otras, pero esto no significa que sean las más efectivas. El método más efectivo de aprendizaje depende no tanto del que aprende como del material que hay que aprender.

Este mito es particularmente persistente porque apela a la verdad de sentido común de que todas las personas son diferentes: todos somos individuos únicos. Mientras que esto es cierto, la arquitectura del cerebro es consistente y, por tanto, las formas de aprendizaje más efectivas son consistentes y permanentes en diversos individuos. Todos tenemos una memoria de trabajo limitada y una memoria a largo plazo casi ilimitada.

Mito 3: Puedes mejorar tus habilidades generales de pensamiento

El pensamiento depende del conocimiento. Tu puedes pensar bien sobre algo de lo que sabes mucho. Las habilidades generales de pensamiento no existen. Las aplicaciones y actividades de 'entrenamiento cerebral' no son la panacea educativa que quieren aparentar.

Mito 4: Tú puedes medir el aprendizaje

El éxito de un alumno en una lección o test puntual no es ninguna garantía de que haya aprendido el material. Pueden obtener una calificación de 10 y olvidar todo lo aprendido en unos días o incluso horas. El aprendizaje a largo plazo solo tiene lugar a través de la práctica repetida, espaciada que no puede ser observada en una sola actividad de aplicación.

Mito 5: No es necesario memorizar ahora que tenemos Google

Tenemos que distinguir entre conocimiento e información. En Internet tenemos toneladas de información, pero no se convierte en conocimiento porque no la hemos asimilado en nuestras mentes. Es solo después de asimilarla que se convierte en conocimiento y podemos pensar sobre ella. Pensemos en la adquisición del lenguaje. ¿Es alguien capaz de expresarse en un lenguaje que no conoce si tiene que buscar la mayoría de palabras que necesita usar?

Mito 6: Como profesional, sé cuánta práctica necesitan mis alumnos

Como expertos en las materias que enseñamos, tendemos a subestimar la cantidad de práctica que necesitan nuestros alumnos. Cuanto mejor conocemos algo, más tendemos a asumir que otros lo aprenderán con poca práctica. Como un 'antídoto' a esta 'ceguera del experto', los profesores deberían de estudiar los materiales diseñados por Siegfried Engelman y su equipo, publicados por National Institute for Direct Instruction, que tienen un historial probado de éxito y basados en el principio de que las clases deberían de ser aproximadamente un 80% de revisión y el otro 20% de nuevo material.

Mito 7: Los alumnos aprenden mejor cuando se centran solo en una materia

Es mucho más relajante para los profesores estar un trimestre entero con un solo tema, pero es desastroso para el aprendizaje a largo plazo de los alumnos. Tenemos que intercalar los temas que estudiamos con revisiones habituales de temas anteriores, sino los alumnos no llevan a cabo la práctica que necesitan y su conocimiento del material previamente estudiado irá desapareciendo. De nuevo, es interesante estudiar los cursos de Direct Instruction para ver ejemplos de como intercalar materiales nuevos y viejos de forma efectiva. La DI utiliza un itinerario de aprendizaje que se basa en la práctica frecuente de materiales enseñados previamente.

Mito 8: Los alumnos aprenden más con experiencias memorables

Tenemos que distinguir entre la memoria episódica y la semántica. La memoria episódica esta formada por recuerdos de eventos. La memoria semántica, por su lado, es de información, independiente de experiencias asociadas. Es esta última, la memoria semántica, la que necesitamos para construir la memoria a largo plazo de nuestros alumnos. Si creamos clases que están llenas de experiencias muy variadas, los alumnos recordarán estas, pero no el material que las experiencias iban a enseñar en un principio. Su memoria de trabajo habrá estado pendiente de procesar las experiencias nuevas, con poco espacio para procesar y aprender el material nuevo que queríamos que se aprendiese.

Todavía más allá: si queremos maximizar el retorno de aprendizaje según el tiempo invertido, tenemos que establecer rutinas y ajustarnos a ellas, de forma que los alumnos puedan prestar el máximo de atención al material académico que queremos que aprendan y el mínimo de atención al método con el que se está aprendiendo.

Mito 9: Los alumnos necesitan aprender de sus errores

Aprendemos aquello que hacemos de forma repetida. Por ello, tenemos que prever en qué puntos de la lección pueden equivocarse los alumnos para asegurarnos de que comentan el mínimo número de errores. Si los alumnos dedican tiempo de clase a cometer errores, se volverán buenos en cometer errores, precisamente. Están aprendiendo, pero no aquello que nosotros queremos. Sus ideas equivocadas se asientan y se incrustan en su memoria a largo plazo, creando problemas que serán difíciles de deshacer posteriormente.

En una buena clase, los alumnos comenten pocos errores. Habitualmente, en curso de Direct Instruction, la mayoría de los alumnos consiguen un 10 en prácticamente todo el material porque todas las tareas que realizan son preparadas de forma concienzuda a través de la práctica repetida hasta que llegan a su dominio.

Mito 10: La comprensión es lo importante, no la memorización

Los alumnos pueden comprender algo sin haberlo dominado o ser capaces de aplicarlo de forma fluida. La mayoría de nuestros alumnos saben, por ejemplo, que los nombres propios tienen que llevar mayúsculas, pero muchos de ellos no aplican esta regla de forma consistente. Esto es porque no han practicado el poner mayúsculas a los nombres propios hasta que se ha convertido en un hábito. Cuando algo es memorizado a fondo y su recuerdo es automático, lo alumnos no tienen siquiera que pensar sobre ello. Necesitamos que los alumnos practiquen no solo hasta que lo hacen bien, sino hasta que no se equivocan.

Mito 11: Es una pérdida de tiempo para los alumnos repasar contenidos que ya han aprendido

Las cosas que conocemos realmente bien son cosas que hemos practicado incluso después de aprenderlas. Esto es lo que hacemos con nuestra lengua materna, hasta que llega el punto de que la conocemos también que no podemos olvidarla. Imagínate olvidar que ese mueble de 4 patas donde comemos se llama 'mesa'. No podríamos aunque lo intentáramos. Esta es la medida del auténtico dominio y no se consigue cambiando rápidamente de tema, sino a través del sobreaprendizaje.

Mito 12: Deberíamos de avanzar a los alumnos exitosos cuando obtienen el 100%

Los principios de la práctica repetida y el sobreaprendizaje se aplican a todo el mundo, independientemente de la habilidad. La mejor forma de entender esto es que hagas el esfuerzo de dominar un tema con el que no estés familiarizado. Eres un profesional inteligente. Fíjate solo en la cantidad de práctica que necesitas para dominar algo hasta que lo puedes aplicar de forma fluida. Y, ¿si algo te sale bien un día, significa ello que lo vayas a hacer bien el siguiente?

Mito 13: Los alumnos necesitan trabajar en grupos para desarrollar sus habilidades de trabajo en grupo

Las habilidades de trabajo en grupo se desarrollan de forma normal a través de las experiencias ordinarias y de cada día. Las clases deberíamos de dedicarlas a actividades que construyen conocimiento que los alumnos no adquirirán de otra forma.

Cuando un alumno es incapaz de trabajar en grupo, las causas suelen ser más morales que intelectuales. Los colegios han de enseñar a los alumnos virtudes como el autocontrol y la perseverancia de forma que el egoísmo o la pereza no les impida trabajar de forma productiva con otros.

Mito 13: Los profesores han de dejar que florezca la bondad natural de los niños

Este es uno de los mitos más dañinos y peligrosos, no solo en educación, sino de forma más amplia en nuestra cultura. Deriva de las idas de los escritores románticos, que sostenían que el niño era inocente y sagrado, y que creían que la educación formal interfería en su bondad natural.

Los niños no son 'buenos por naturaleza'. Necesitan que se les enseñen buenos hábitos. Han de practicar, por ejemplo, el autocontrol, como cuando un profesor les pide que escuchen en silencio les guste o no. Con el tiempo, a través de la práctica repetida, el autocontrol se convierte en un hábito que les servirá durante toda la vida,

No solo esto, si somos indulgentes con los niños y les permitimos que hagan lo que quieran, crecerán egoístas y perezosos, teniendo vidas infelices y poco exitosas.


El post original, aquí: 
https://thetraditionalteacher.wordpress.com/2019/10/14/fourteen-educational-myths/