lunes, 12 de octubre de 2020

'La nova escola': valoración del documental de Escola Nova 21

Photo by Gautam Arora on Unsplash

Desde hace ya un tiempo, los medios de comunicación en Cataluña y en España se dedican a la promoción de una visión concreta de la escuela; una visión que denuesta su función académica y cultural, como espacio de transmisión de nuestro legado cultural, literario, científico, filosófico, histórico... El gran problema es que en esos mismos medios no se acostumbra a dar espacio a voces que defiendan una visión diferente, que son muchas y cada vez más numerosas. Sin ir más lejos, la semana pasada, Escola Nova 21 (EN21) ha disfrutado de un programa de casi una hora en el Sense Ficció de Tv3, de varias entrevistas, también en televisión y en diversos diarios... Creo que es importante que, desde el ámbito educativo, respondamos a los planteamientos de personajes como Eduard Vallory, Boris Mir y otros, que creo que no son nada positivos para el futuro educativo de nuestro país. 

El programa empieza con unos primeros instantes en los cuales una voz anónima "en off" presenta a su hija y habla sobre dos grandes personajes que "le han ayudado a abrir los ojos sobre la transformación educativa". Después de esto, la primera imagen que aparece es la de Eduard Vallory dando una charla a padres. Como se verá a lo largo del documental, este es un monólogo de estos dos personajes, Eduard Vallory y Boris Mir, dedicado a la transmisión de su mensaje e idea de la educación (¿Es irónico, no, que muchas de sus charlas sean 'transmisivas'?).

Como hemos dicho, el documental empieza con esta charla de Eduard Vallory, primero, y Boris Mir, después, que sirven para empezar la crítica de lo que ellos consideran "la escuela de toda la vida": los exámenes, el memorizar sin sentido, escuchar, callar, trabajar mucho y examinarse... Vallory pregunta a una audiencia de padres (o profesores) si alguno se acuerda de cuántos años transcurren entre las pirámides de Egipto y Cleopatra. Acto seguido contesta que no se acuerdan porque este aprendizaje no fue relevante, ya que solo se lo plantearon para un examen. Tiene razón en el hecho de que es importante que hagamos relevantes los aprendizajes a los alumnos, pero aprovecha eso para desacreditar una herramienta, el examen, que es útil tanto para la evaluación y el aprendizaje como para la calificación; en este juego de falacias estará todo el documental. 

Sigue Eduard Vallory destacando el alto fracaso escolar que hay, con 1 de cada 4 personas que abandonan el sistema educativo y numerosas personas que no quieren seguir estudiando después de 4º de ESO, "no queriendo volver nunca más". ¿Ha pensado Vallory que, desde la LOGSE, el paradigma educativo mayoritario ha sido el que él defiende? Competencialismo, reducción del currículum... Desde finales de los 70, el paradigma ha sido el mismo. Y quizás el alargar la educación obligatoria hasta 4º de ESO tenga algo que ver. ¿Por qué no existen itinerarios formativos antes, al acabar 2º de ESO, que ofrezcan también vías de acceder posteriormente a estudios superiores? ¡Si se oyen ya voces que quieren alargar la educación obligatoria hasta los 18 años!

Luego, Vallory empieza a explicar su "vocación personal" y afirma que "el gran debate internacional es el por qué motivo la educación no cambia, por qué sigue un modelo transmisivo y expulsa a decenas de niños y niñas". Aquí discrepo con él radicalmente. El gran debate internacional no es ese, sino que lo es el debate entre dos modelos: uno que, parte de la investigación educativa, de las aportaciones de la psicología cognitiva, de la didáctica, que defiende el valor transmisivo y cultural de la escuela, del conocimiento y otro que parte de la ideología, y de diversas teorías y modelos pedagógicos que acostumbra a verse como 'progresista', que es el mayoritario, y que estaría representado por EN21, el mismo Vallory, etc.

Siguen presentando diversas escenas de clase en el IES Les Vinyes. No tengo referencias sobre él, y es posible que sea un buen instituto, pero las grabaciones me parecen, cuanto menos, algo sobreactuadas. Luego sigue Boris Mir: ¿Estamos todos acuerdo en que el alumno es el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Y en que el aprendizaje ha de ser activo? ¿Y en que hay que reflexionar sobre la praxis educativa? ¿Y en que la evaluación ha de regular el aprendizaje? ¿Y en que hay que partir de las necesidades y conocimientos del alumno?

Escucho esto y yo... ¡estoy de acuerdo! Pero claro, es que mi visión del alumno como centro del proceso de enseñanza y aprendizaje no es la misma que la suya; para mí, la lectura en silencio, la instrucción directa y la escucha son aprendizajes de aprendizaje activo. Defiendo al 100% la reflexión sobre la propia praxis. También valoro la evaluación como reguladora del aprendizaje (pero a diferencia de su caso, valorar la evaluación formativa no conlleva en mi caso defenestrar la evaluación calificadora y los exámenes). Y creo que hay que partir de los conocimientos previos del alumno y hacer el conocimiento relevante (pero no creo que este haya de decidir qué es valioso aprender). Por esto, es importante defender el valor verdadero de estas expresiones, que para EN21 tienen un significado totalmente diferente.

No sé si han valorado que el programa parece un panegírico, y el efecto que esto puede tener en sus intereses. ¿Ha de grabarse un programa de la televisión pública de Catalunya sobre 2 personajes como Eduard Vallory y Boris Mir? ¿No puede haber ninguna voz discrepante? Siguen con la frase "prepararse para la vida, esta es la frase revolucionaria que lo cambiaría todo". Me parece, cuanto menos, presuntuoso afirmar esto. ¿Están diciendo que en las escuelas, institutos y universidades de Cataluña y España durante los últimos 50 años, no se ha preparado para la vida? Por favor. Es cierto que hay muchas cosas que mejorar, pero eslóganes como este solo desacreditan la gran labor de miles de profesores a lo largo de los años. Hay millares de buenos médicos, de policías, de escritores, de maestros, de ingenieras, de enfermeros, de profesoras... y todos están bien preparados para la vida.

Luego viene una reunión de Mir con lo que debe de ser el equipo directivo del IES Les Vinyes. Boris Mir defiende que hay que "crear una crisis" y que en muchos colegios este cambio viene dado porque lo piden los padres. Me sorprende esta voluntad de querer cambiar las cosas sin plantearse antes si funcionan bien. No todo ha de estar sometido a una constante crítica. Y aquí interviene uno de los del equipo directivo: "Los niños se nos aburren, vienen con asco a clase... y te lo dicen desde 1º de ESO a 4º". Aquí me enfadé. ¿Es la finalidad de la escuela divertir o hacerlo pasar bien a los alumnos? ¿Ha de ser la escuela un parque de atracciones (Gregorio Luri tiene un gran libro sobre esto)? Y es que no es cierto. Algunos alumnos se aburrirán, pero todos no. Como se puede decir que "vienen con asco a clase". Pero es que no es cierto. ¿Es esa su visión de sí mismo como profesor? ¿O del trabajo docente compañeros? El profesor que conoce su materia, que disfruta con ella y que se preocupa por sus alumnos, "no los aburre". Y para que un alumno "se lo pase bien" no es necesario hacer todo de forma globalizada, por proyectos y en grupos. Podría poner ejemplos de alumnos que tienen esas mismas sensaciones que plantea el miembro del equipo directivo que van a escuelas y universidades en las cuales no hay calificaciones, todos los trabajos son por proyectos y en grupo y ellos deciden qué aprender.

Al cabo de un rato, Boris Mir plantea que lo que lleva a cabo no es una "mejora", sino una "transformación", cambiar el propósito de la educación: formar a los alumnos en "competencias para la vida" desde una perspectiva humanista. No preparan para el mundo del trabajo, para la selectividad... Y viene el discurso antitransmisivo: no enseñan matemáticas, usan las matemáticas para desarrollar competencias para la vida; no enseñan música, usan la música para desarrollar competencias para la vida. ¿Por qué esta alergia a enseñar? Pero lo peor, ¿por qué quieren imponer esta visión a todo el mundo? Porque algunos, por contra, creemos que enseñar matemáticas sirve para desarrollar competencias para la vida, mientras que lo que dicen ellos, no.

Continúan César Coll y David Bueno defendiendo los planteamientos de EN21. Discrepo radicalmente con ellos. La organización del saber en áreas y asignaturas creo que es la mejor opción para posibilitar su aprendizaje, y es luego que hay que aplicarlos a situaciones reales o globalizadas. El planteamiento de enseñar todo de forma globalizada, a mi modo de ver, no tiene en cuenta la dificultad que tienen los aprendizajes para el aprendiz novel que se inicia en el proceso de aprendizaje.

Ya hacia el minuto 20, Eduard Vallory afirma que el sufrimiento de los alumnos en las escuelas de modelo tradicional, está vinculado al de profesores que se han formado en ese modelo, reproduciendo un aburrimiento compartido, reproduciendo siempre lo mismo en vez de ser agentes de aprendizaje. A ver, por favor. Defender la transmisión no implica "estar reproduciendo un aburrimiento compartido", porque un buen profesor enseña aquello que le gusta, y lo hace con pasión, y cada nuevo curso tiene el reto de enseñarlo a nuevos alumnos, estableciendo con ellos una nueva relación personal. ¿Qué son estos tópicos? Alguien se imagina que se me ocurriera hablar en el blog del "sufrimiento de los alumnos en las escuelas innovadoras que trabajan por proyectos, vinculado al de unos profesores que fueron formador en las nuevas metodologías, siendo obligados a aplicar constantemente las indicaciones de unos gurús". Nunca se me ocurriría plantear algo así. ¿Podemos ser menos demagógicos, por favor? 

Sigue una clase de 3º de ESO en la cual se presenta un proyecto, y aparece una alumna haciendo una fila de objetos con el material del estuche... ¿será que el aburrimiento de la escuela innovadora le ha hecho desconectar? No lo creo, porque un alumno puede aburrirse igual en una explicación de un profesor que trabajando por grupos, pero es una anécdota que debería hacernos pensar y que conecta con lo dicho en párrafo anterior.

Otra escena que aparece al poco rato y que me llama la atención es la de un grupo de alumnas de 1º de ESO llevando a cabo una exposición oral a los compañeros. La profesora les hace volver a empezar diversas veces, por culpa del ruido que hacen los compañeros, que deben de estar trabajando en grupos (se ve a un grupo de alumnos detrás de las estudiantes haciendo algo que no se ve). Una de las alumnas se pone a llorar, dado que le pone nerviosa el tener que empezar tantas veces. ¿Es esta una práctica deseable? ¿Tanto cuesta pedir a los compañeros que escuchen en silencio a un grupo de compañeras de clase que han de exponer un trabajo? ¿Es quizás esto fruto de que, por su ideología y visión de la educación, la profesora no se ve capaz de pedir a los demás que atiendan y escuchen?

Hacia el minuto 29, aparece Héctor Ruiz Martin. Es una persona que respeto, por toda su labor, basada en las evidencias, en el ámbito de la psicología cognitiva y su divulgación; me sorprende que haya aceptado aparecer en un programa que no se caracteriza por la rigurosidad de lo que presenta y defiende. Ahora bien, ni puedo plantear ninguna objeción a todo lo que explica sobre la motivación o las expectativas, que es muy correcto.

Un poco más adelante, aparece un grupo de profesores hablando sobre un alumno, Pablo que ha aparecido en varios momentos en clase: distraído, diciendo alguna palabrota... Me parece cuanto menos poco adecuado que hayan optado por grabar e incluir en el programa esta conversación sobre un menor. La parte siguiente del programa se centra en él: el cómo colabora en una actividad, quizás de aprendizaje servicio, en la que trabajan en un taller de reparación de bicicletas. Ahí se ve cómo el alumno se involucra plenamente. La idea no está mal, pero reproducir la conversación de la sala de profesores aunque fuera con permiso, no me gustó.

Ya en la recta final del documental, César Coll plantea que en el currículum deberían de estar aquellas cosas que son fundamentales para el aprendizaje y que, el que no estén, perjudica a las personas: leer y escribir, afirma, para luego reivindicar que tendrían que estar también otras habilidades como la persistencia en el trabajo, el gusto por el trabajo bien hecho, el aprender a relacionarse con los demás, el saber cooperar... A ver, ¿pueden dejar de contradecirse? Para leer y escribir correctamente es necesario, además del dominio de la descodificación, el conocimiento sobre el mundo; y para desarrollar este conocimiento, lo mejor son las disciplinas académicas, que lo organizan y facilitan su adquisición, más allá de los enfoques globalizados. Y las actitudes académicas de las que habla, no son contrarias a la escuela académica y transmisiva; antes bien, están donde creo que mejor se desarrollan es en la escuela que no reniega de su función académica, transmisiva y cultural.

En los últimos minutos, el grupo de alumnas de 1º vuelve a aparecer. Ahora haciendo una presentación a los padres en el marco de una presentación del proyecto de Escola Nova 21 a las familias. ¿Es esto la tan cacareada presentación del proyecto? Mi sensación de todo el documental es que se concreta poco en qué consiste realmente EN21 y se limitan a proyectar diversas escenas que quedan bien. Se comparten experiencias e ideas que son buenas con otras que son tremendamente corrosivas y dañinas, especialmente para aquellos alumnos con más dificultades o que no tienen la suerte de crecer en contextos socioeconómicos ricos. Y luego está el tema de la evaluación del proyecto ¿Dónde están las evaluaciones del proyecto en mejora de resultados en el aprendizaje?  ¿La transformación que plantea EN21 mejora realmente el aprendizaje? En ningún momento he visto un indicador objetivo. 

Yo entiendo que pueda haber algunas personas y escuelas que puedan defender la visión de Escola Nova 21. Lo que no acepto es que esa visión quiera imponerse a todos los profesionales y escuelas de Catalunya. ¿Dónde está ese espíritu crítico que tanto defienden? Y lo más preocupante son esos prejuicios ideológicos y antiintelectuales que hay detrás del movimiento, que se oponen a la transmisión y a la función académica de la escuela. ¿Ha de ser esta ideología algo obligatorio para todas las familias y escuelas? Lo siento, pero no, y es cada vez más importante que haya una alternativa a este discurso. Una alternativa que parta de la realidad de la escuela, de la investigación y de aquello que sabemos que funciona, sin caer en discursos ideológicos cuyo origen está entre finales del siglo XIX e inicios del XX. Una escuela que tenga clara su función cultural, académica y transmisiva, y que tenga clara que a través de estas funciones es como colabora en la plena realización del alumno.


Enlace para ver el documental:

https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/sense-ficcio/la-nova-escola/video/6061523/


domingo, 13 de septiembre de 2020

Una reflexión para iniciar el curso: sobre el valor cultural y académico de la escuela

 

Photo by tmccombs form PxHere

Estamos a 14 de septiembre, a punto de empezar el curso 20-21, al menos en Cataluña. Durante este último mes, he preferido desconectar del blog y del debate educativo, que se ha centrado la mayor parte del tiempo en el COVID. He visto que, mientras tanto, el blog ha pasado de los 100.000 lectores. Gracias a todos.

Uno de los principales elementos de preocupación que tengo en esta vuelta extraña, es la visión de la escuela que se está transmitiendo desde los medios de comunicación. Cada vez se la etiqueta más como un espacio de 'conciliación', dejándose de lado la función cultural y académica, que es la principal. No digo que no sea importante el papel que juega para la conciliación familiar, que lo es, pero no debe de olvidarse cuál es su finalidad principal.

Mientras tanto, lo que escucho en los medios de comunicación, a veces es para salir corriendo. El otro día, tuve la mala suerte de escuchar una 'tertulia' en Catalunya Ràdio que iba en esta dirección. Todos los tertulianos se caracterizaban por ir en la misma dirección: despreciar la función cultural y académica de la escuela. Algunos de los tertulianos defendían que la escuela "ha de hacernos competentes para la vida". Sí, cierto, y para ello hay que saber lengua, matemáticas, ciencias, ingeniería... ¡el currículum que estudiamos! Otros afirmaban que hay que "aprender haciendo". Por supuesto: leer, escribir, escuchar, hablar... es hacer, pero sé que no lo decían en ese sentido, sino en el de que en educación ha de haber un movimiento constante, de niños haciendo cosas, sin plantearse si realmente hay aprendizaje y etiquetándose el escuchar o la lectura como "prácticas tradicionales".

Otra de las tertuliantes, Francina Martí, de Rosa Sensat, soltó: 'el currículum es la COVID'. ¿Cómo? ¿Realmente quieren estar todo el curso hablando del COVID en la escuela? ¿No se dan cuenta de que después de 6 meses los alumnos es lo que menos necesitan? Llevamos 6 meses de bombardeo constante de los medios de comunicación. Por supuesto que habrá que explicar las medidas de seguridad en el colegio: distancia, mascarilla, etc. y que habrá que seguirlas y exigirlas... pero decir que el currículum "es la COVID" me pareció cuanto menos desafortunado y la típica frase que queda bien. Otros afirmaron las típicas frases: "el currículum es la vida", "lo importante es acoger"... Sobre la primera, "el currículum es la vida", pues sí, siempre que se refiere a que en el currículum se estudia el conocimiento humano de la realidad: historia, ciencia, matemáticas, geografía... si se refieren a que el currículum ha de ser una imagen de las experiencias diarias del alumno, pues estoy en desacuerdo, porque no es igual la vida de un alumno de La Mina o el Raval que de otro de Sarrià y Sant Gervasi. ¿Y sobre la acogida? Pues sí, la escuela ha de acoger, pero la mejor forma de hacerlo que tiene es integrando al alumno y llevando a cabo su función académica y cultural.

La guinda ha sido encontrarme hoy una entrevista a César Bona en El Periódico:

-¿Por dónde empezaría este lunes?
-Yo pasaría absolutamente del currículum. ¡A quién le importan ahora mismo los contenidos!

-¿A los que sostienen que los niños ganarán un 1% menos a los 30 años?
-Mientras los economistas hablen de educación, los niños serán analizados en función de su utilidad en el trabajo. Hay que recordarles que no educamos a seres 'empleables', sino a seres íntegros. Pero es que, además, un reciente informe señala que las competencias que se requieren en el ámbito laboral son el trabajo en equipo, la resolución de problemas, la comunicación, la inteligencia emocional. Pero la inercia puede más que la valentía para cambiar el sistema.

¿Cómo que 'pasar absolutamente del currículum'? Pues a mí me importan, porque sé los alumnos que están creciendo en esta pandemia, se quedarán atrás en algunos aspectos, y de ahí que sea importante que los profesores lo demos todo para posibilitar que esto no sea así. Y lo siento, pero es el modelo que defiende él de 'competencias' vagas y generales el que, al fin y al cabo, se centra más en la empleabilidad. Es perfectamente compatible el apostar por una escuela académicamente exigente, que no reniegue de su función cultural y que tenga en cuenta a la persona de forma íntegra, acogiendo y atendiendo al alumno en esta situación de pandemia. Lo siento, pero ya va siendo hora de que gurús y personas que hace tiempo que no pisan un aula, dejen de demoler los pilares fundamentales de la escuela y de hacer que los que creemos en la función cultural y académica de la escuela parezcamos anticuados e irracionales. Una pequeña reflexión, para empezar un curso que será complicado.

miércoles, 12 de agosto de 2020

La simplicidad en el aula

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Tengo la sensación de que, en educación, se tiende a complicarlo de forma extraordinaria todo. Últimamente he podido leerme algún texto de Graham Nuthall (autor de 'The hidden lives of learners'). Y me ha dado que pensar. Nuthall destaca la existencia de 3 ámbitos en el aula que son los que determinan el aprendizaje de nuestros alumnos:

- La instrucción que lleva a cabo directamente el profesor con todo el grupo (la instrucción explícita o directa).

- La relaciones que establece el alumno con sus iguales (el trabajo cooperativo).

- El trabajo que realiza el alumno de forma individual.

¿No sería mejor formar a los nuevos profesores considerando estos tres ámbitos en los cuales se llevan a cabo prácticamente todas las interacciones en el aula, enseñándoles a mejorar cada uno de ellos?

En el primero, entraría temas como el aprender a gestionar el grupo (expectativas, comportamiento, gestión de la disciplina...), la activación de conocimientos previos, el saber modelizar un concepto, hacer buenas preguntas, comprobar que nuestros alumnos entienden... Dominar al fin y al cabo la instrucción directa y explícita, centrándonos en el aspecto clave de sobre qué van a estar pensando nuestros alumnos en clase.

En el segundo, entraría el dominar las estrategias de gestión de aula que facilitan que los alumnos trabajen con sus iguales: la interdependencia positiva, la responsabilidad individual, el saber organizar actividades cooperativas, de trabajo por parejas, de lectura compartida.

En tercer lugar, estaría todo el ámbito del trabajo individual: cómo lo organizamos, qué soporte damos, en qué está pensando el alumno y a qué dedica el alumno su atención, la secuenciación de actividades.

Porque me parece que se tiende a complicar todo mucho, cuando los alumnos y maestros lo que agradecen es que se les presenten las cosas de forma sencilla, que es lo que acaba ayudando al aprendizaje. En este sentido, hay un libro de Jo Facer 'Simplicity rules', que va también en esta línea. Es una reflexión.


domingo, 9 de agosto de 2020

El valor del libro en papel (2)

Photo by form PxHere

El último artículo que publiqué fue hace unas cuantas semanas sobre los primeros capítulos del libro de Roberto Casati 'Elogio del papel: contra el colonialismo digital' que, por aquel entonces, había empezado a leer y que me estaba gustando mucho. Lo acabé y hoy me gustaría acabar de considerar el valor del libro en papel, centrándome específicamente en los libros de texto y añadiendo algunas reflexiones y fragmentos del libro de Casati.

Una de las tendencias que vemos en el ámbito educativo en los últimos años es a la sustitución de los libros de texto en papel por libros en formato digital. Esta medida me parece que se suele tomar con poca reflexión previa sobre lo que comportan el libro en papel y el libro digital y las características que tiene cada uno.

En el último post, destaqué algunas de las características fundamentales que tiene el libro en papel de las cuales no disfruta el libro digital:

1ª El libro en papel tiene un formato cognitivo perfecto. ¿Por qué? Porque solo permite llevar a cabo una tarea. Aunque pueda parecer paradójico, esta es una gran virtud, porque facilita el trabajo de la concentración y de la atención sostenida. Los Kindle, Chromebooks, tablets... permiten hacer muchas otras cosas más, y esto es algo que no facilita la concentración. Yo mismo, ahora, mientras escribo este post, tengo las notificaciones que me llegan, el reproductor de música, los enlaces a las redes sociales... que he de confesar que me distraen en ocasiones. En este sentido, afirma Casati:

"¿Y en un contexto escolar? Trataría simplemente de evitar cualquier forma de intrusión del multitasking, fuese cual fuese. Los estudiantes tienen que poder trabajar sin distracciones, y el profesor necesita la atención de sus alumnos para saber si lo que está haciendo es correcto. [...] Habría que defender los espacios protegidos de que dispone la escuela y resistirse a la introducción incondicional de instrumentos que favorecen el multitasking [...]. Precisamente porque los colegiales y los estudiantes tienen tras de sí miles de horas de videojuegos y de televisión en el mundo extraescolar, debemos adoptar una posición prudente y responsable a la hora de decidir si permitimos o no que las tecnologías colonicen también el tiempo escolar." (Casati 2015:115)

2ª La estructura del libro en papel es lineal. Esto ayuda a los alumnos a situarse; y el hecho de que sea físico, aún más. Existen la sensación, la angustia de perderse digitalmente (es algo que he visto en algunos alumnos cuando han de confiar solamente en un formato digital): ¿no os ha pasado esa sensación de no saber dónde están las cosas en el Drive? Esto es algo que me pasa a mí mismo, por ejemplo, con los estudios universitarios que llevo a cabo a distancia. Llevo ya varios años y considero que tengo cierto grado de pericia, pero todavía me suele pasar que hay veces en las que no encuentro algo en los campos virtuales. Y también, siempre que puedo, me imprimo los materiales.

Luego, vienen la debilidad de los argumentos que se suelen utilizar para justificar el cambio de los libros en papel por los libros digitales. Estos son algunos.

a) Uno argumento típico es que 'son el futuro'. ¿Estamos seguros de ello? Como destaca Casati en su libro, hace ya años que se viene anunciando la muerte del libro en papel; sin embargo, ahí sigue, lleno de vitalidad. No solo eso, los diversos libros digitales acostumbran a no ser más que una versión en pdf del libro en papel. Sí, algunos vienen con actividades digitales, diccionarios, etc. Aquí surgiría una pregunta: ¿el uso de estas funcionalidades justifica el cambio de unos por otros dejando de lado las ventajas que tiene el libro en papel?

b) Otro de los argumentos que se suele usar es que el paso al libro digital permitirá que los alumnos aprendan a utilizar todas las potencialidades de la tecnología, que es una de las nuevas competencias del siglo XXI. ¿Estamos seguros de esta afirmación? Si todas las tecnologías acostumbran a tener una curva de aprendizaje muy sencilla, que tiende a la simplicidad: ordenadores, tablets, teléfonos móviles... Si están diseñados para que una persona que no sepa nada de su uso pueda aprender a funcionar con ellos rápidamente (todos tenemos el ejemplo de alguno de nuestros padres, tíos, abuelos... que de no saber nada, pasan a funcionar con el Whatsapp, el correo). .

No digo que no haya que trabajar algunos de los aspectos fundamentales del trabajo con las diversas herramientas tecnológicas: la mecanografía (tan olvidada, pero fundamental para escribir rápido digitalmente), la búsqueda de información, el aprender a citar para no caer en el plagio, la edición de textos y presentaciones... pero, para ello, ¿es necesario sustituir los libros de texto por libros digitales? No. Lo mejor acabará siendo lo que se hacía en los años 90 y que viví: el tener una aula o aulas de informática (o carros portátiles) en las que se trabajan estos aspectos, donde aprendimos aspectos como la mecanografía, la edición de textos, etc. No estoy en contra del uso moderado de la tecnología. Mee gustaría transcribir aquí dos párrafos del libro de Roberto Casati sobre esta cuestión:

"los estudiantes que obtienen los mejores resultados según el informe PISA no son, en teoría, aquellos que utilizan cotidianamente las tecnologías en el colegio. De hecho, los mejores resultados son los obtenidos por estudiantes que viven y estudian en colegios y familias que poseen este tipo de tecnologías pero que, por otra parte, no recurren a ellas con demasiada frecuencia durante las horas de clase" (Casati 2015:106)

"El análisis de Gui no puede ser más interesante: las nuevas tecnologías se asocian positivamente al aprendizaje siempre que se haga un uso moderado de las mismas. A partir del momento en que esas tecnologías se vuelven invasoras y colonizan el tiempo, el rendimiento disminuye hasta un umbral inferior al alcanzado sin la ayuda de la tecnología" (Casati 2015:106-107)

c) Otro argumento suele ser el del ahorro. En este sentido, también discrepo. La inversión en los dispositivos inicial es alta, y las licencias digitales no se pueden pasar a alguien de la familia o a un amigo, habiendo de pagarse cada año. No solo eso: tablets, ordenadores... tienden cada vez a una obsolescencia programada que te obliga a su cambio cada 4-5 años.

Alguno podría plantearme la pregunta de cómo puedo defender esto en el contexto de la pandemia del COVID-19. Pues sigo considerando que los libros en papel son la mejor opción, también para el trabajo a distancia. El poder subrayarlos, leerlos tranquilamente, escribir en una libreta... son experiencias que ayudan. Dejemos el uso de los dispositivos digitales para la conexión online de Zoom a una clase, para consultar el correo, que se combina con el trabajo analógico con los libros de texto. ¿Realmente queremos que las 4 o 5 horas diarias de trabajo sean delante de un ordenador? Mi vivencia personal de estar delante del ordenador teletrabajando durante el confinamiento, al menos, fue muy dura, ya que acaba cansando la vista, la atención... El poder hacer la lectura de lengua castellana, o los ejercicios de matemáticas, o el resumen de ciencias sociales con un libro en papel tiene ventajas indudables.

Me gustaría acabar con una reflexión: nuestros alumnos tienden ya a dedicar decenas de horas fuera de la escuela a las pantallas: juegos en línea, series de las diversas plataformas, uso del móvil... ¿Realmente lo mejor es que extendamos este consumo de pantalla a la escuela, cambiándoles los libros en papel por otros digitales? ¿No sería mejor tener la escuela como esa zona de tranquilidad, en la que el uso de la tecnología sea reducido, para ayudarles a mirar al mundo que les rodea? Yo opto por esta segunda opción.

Bibliografía:

Casati, R., 2015. Elogio Del Papel: Contra El Colonialismo Digital. 1st ed.

sábado, 11 de julio de 2020

El valor del libro en papel (1) (reflexión sobre el libro de Roberto Casati: 'Elogio del libro de papel')


Photo by Praveen Gupta on Unsplash

Una de las tendencias que estoy viendo en los últimos años en el ámbito educativo es la apuesta por el paso del libro en papel al libro digital. Son numerosas las escuelas (y me temo que después del confinamiento de estos últimos meses sean más) que están apostando por el cambio del papel por lo digital. Pero, ¿estas decisiones son tomadas de una forma reflexiva, después de haber valorado de forma conveniente los pros y las contras? Me temo que no.

La lectura en papel y la lectura con soporte digital no son iguales, como he comentado ya en artículos del blog como este. No solo eso, sino que los estudios apuntan a que la lectura en papel es ligeramente superior a la digital, permitiendo una lectura más profunda y mantener de forma más efectiva la atención.

Para profundizar en esta temática, ha sido todo un descubrimiento el libro de Roberto Casati 'Elogio del papel: contra el colonialismo digital', especialmente porque plantea la cuestión del libro en papel y el libro digital desde una perspectiva nueva, en la que destaca algunas de las ventajas que tiene el libro analógico sobre el digital. Me permitiré reproducir algunas de sus palabras a la vez que las comento.



La primera virtud que destaca Roberto Casati es la de que, el libro, tiene un formato cognitivo perfecto: "... el libro de papel tiene un formato cognitivo perfecto. Cumple notablemente bien con su tarea porque sólo puede ofrecerse a sí mismo." (Casati 2015:49). Esta es una cuestión que no es baladí. En un iPad, en un Kindle, en un ordenador... la aplicación para leer libros es una más entre una miríada de funcionalidades extras: escuchar música, enviar y recibir correos, reproductores de vídeo, plataformas de streaming... Tener tantas y tan diversas posibilidades no facilita el encuentro entre el lector y el texto. ¿Por qué? Porque los elementos distractores son muchos y diversos. Cuando se tiene a alumnos trabajando cada uno con un dispositivo en el aula, la dispersión es mucho mayor que si esa actividad se hiciera con un libro en papel: entran y salen de aplicaciones, pasan pantallas, les llegan notificaciones, alarmas... Si ya me pasa a mí. Cuando quiero concentrarme en un texto y subrayarlo, estudiarlo... necesito tenerlo en papel. ¿Significa esto que un dispositivo electrónico es malo? No, no lo es, pero no cumple la misma función que un libro en papel, por lo que no podemos equipararlo. Si lo que queremos es trabajar de forma explícita la atención sostenida y la concentración, elementos básicos para el aprendizaje, quizás no será lo más adecuado al inicio.

La segunda virtud del diseño del libro en papel es que es su estructura es completamente lineal: "Cuando leemos, sabemos (sin que nadie nos lo haya explicado nunca) que puede llevarnos algo de tiempo" (Casati 2015:61)"; "El hecho es que, cuando leo un libro, no necesito elaborar un mapa del mismo; así que leo con soltura, delegando la organización de la información en la sucesión de sus páginas" (Casati 2015:61). Esta es una ventaja muy significativa. El libro en papel es lineal, mientras que la red y los libros digitales tienden a ser no lineales y ramificados. Esto, en los aprendices no expertos e inmaduros puede llegar a ser un problema. En el libro de texto en papel es todo más fácil. Su organización por temas o apartados facilita que el alumno encuentre aquello que busca fácilmente: el tema '2', el tema '7', la actividad tal... Encontrar lo que se busca en el correo electrónico, en una carpeta de Drive o en una de las aplicaciones de libros digitales acostumbra a no ser tan fácil. Y es un tema que pueden generar angustia en el alumno, especialmente si ya tiene de por sí dificultades.

Otro factor sería el físico: el libro en papel, 'se toca', es 'físico': "... mis manos saben cuántas páginas me quedan por leer según el peso del libro y la forma en que está dividido" (Casati 2015:62). Esto, en el libro digital, no es ni mucho menos tan explícito. Lo mismo ocurre con el pasar páginas. En el libro en papel se pasa una a una, viene la una detrás de la otra, mientras que en el libro digital se suele funcionar por "scroll", deslizándose la pantalla. 

Como se ve, el optar por uno u otro tipo de lectura no es una cuestión que sea baladí. La lectura analógica, en papel, y la lectura digital no son iguales. En el ámbito escolar, no es lo mismo optar por tener libros en papel que en digital. Si lo que queremos es esa lectura profunda que facilita el desarrollo de la concentración y el aprendizaje, deberíamos de optar por el papel durante la mayor parte de la escolarización, ya que permite el desarrollo de la atención, esa relación personal del lector con el texto sin elementos extra que lo distraigan. No solo eso, el tener los contenidos organizados en un formato lineal y secuencial como lo es el libro en papel, favorece que el alumno pueda encontrar lo que busca en cada momento, posibilitando que no se pierda y ayudándole incluso en la creación de sus esquemas cognitivos y de su memoria a largo plazo.

¿Significa esto que soy un ludista, contrario al uso de la tecnología en cualquier situación? No, no lo soy. Uso la tecnología a diario, estudio una carrera a distancia... Y, en el contexto escolar, para determinadas actividades y objetivos escolares, la tecnología es una ayuda: desde el hacer pequeños Quiz o tests que faciliten la práctica repetida a grabar un vídeo o grabarse la voz para trabajar la expresión oral; o el uso de plataformas educativas con ejercicios de práctica y soporte de lengua, de matemáticas, etc. Pero no podemos pretender que sustituya a un elemento como el libro en papel cuya naturaleza y características son diferentes.

Venimos ahora de unos meses de confinamiento en los que, en la mayoría de países, las escuelas han tenido que estar cerradas. En ese contexto, la docencia ha tenido que llevarse a cabo de forma online. Sin embargo, no deberíamos de confundir esta situación extraordinaria que se ha generado con lo que es lo ideal para la escuela. Posiblemente, el haber trabajado de forma online, con llamadas de teléfono, videocoferencias... ha sido mejor que una situación en la que no hubiera habido ningún tipo de docencia y relación escolar, pero estamos hablando de una situación de campaña, de emergencia. Yo mismo he visto que el trabajo de los alumnos en un contexto de docencia online no llega ni a la mitad de los buenos resultados que se consiguen de forma presencial. Y en muchos casos los alumnos que han tenido éxito han sido aquellos que han tenido a unos padres que han podido suplir esa presencialidad, siendo ellos los que les explicaban, leían, hacían trabajar. De ahí que me preocupe ver en las redes personas que aprovechen la experiencia de estos meses para plantear que hay que hacer la transición a un modelo totalmente digital. En resumen, recomiendo la lectura del libro de Roberto Casati (que todavía no he acabado y del cual espero comentar más aspectos en el blog.).

Bibliografía:

Casati, R., 2015. Elogio Del Papel: Contra El Colonialismo Digital. 1st ed.