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miércoles, 2 de mayo de 2018

Sin miedo a educar



'Los padres de hoy vivimos obsesionados con la perfección de nuestros hijos y acosados por sus caprichos. Los expertos pedagogos y sus precocinadas recetas para hacer de cada niño un pequeño genio no hacen sino aumentar nuestro estrés'.

Así empieza la sinopsis de 'Sin miedo a educar', de la americana Betsy Hart. La búsqueda de la perfección de los hijos, la constante preocupación por asegurarles el mayor bienestar, es uno de los principales problemas que afrontan las familias del siglo XXI. Me ha parecido un buen libro, muy interesante para familias, que va en la línea de otros como 'Hiperniños', 'El colapso de la autoridad', que ya comenté en otro artículo del blog.



En el libro, defiende ideas algunas de las cuales no están muy en boga, como la importancia de ser constantes, de hacer ver a los niños que no son el centro del universo, de bajarlos de pedestal, de saberles decir que no... Habla del engaño de la autoestima, de la importancia de educar el corazón; se plantea preguntas como ¿Quién decidió que los niños decidieran? que van totalmente contracorriente  de lo que se piensa hoy en día. Resumiré algunas de las ideas que me han parecido más interesantes, acompañándolas de comentarios personales:

1. La preocupante expansión de los 'niños salvajes', de niños que sin tener aparentemente trastornos de ningún tipo o sin venir de hogares desestructurados, tienen reacciones violentas y de auténticos salvajes. 
Y pone diversos ejemplos:
- El de un niña a la que, en 1º de primaria, se le pidió que guardara un juguete. ¿Cuál fue la respuesta? Ponerse a gritar. Al rogarle que se tranquilizara, volcó su pupitre  se escondió bajo la mesa de la profesora. Luego, gritando, salió de sus escondite y comenzó a arrojar libros a sus aterrorizados compañeros. 
- Niños que gritan: 'Cállate, puta', otros que muerden a su profesor
- Madres que le dicen a sus hijos que dejen de hacer algo y estos no les hacen caso ni a la quinta
- Niños que van a la consulta del médico en la cual hay una silla grande para adultos y otra pequeña para niños. Estos se sientan en la de adultos y, cuando sus padres les piden que se cambien, les gritan: '¡Cállate! Y los padres han de sentarse mansamente en la pequeña

Cada vez son más los niños hoscos, malhumorados, desagradables, distantes... que tratan a sus padres con desprecio, y esto se ve como algo normal, como una 'etapa'. Muchos padres, por miedo a perder la 'estima' de sus hijos, no se atreven a reconvenirlos, a educarlos... Y dejan de educar la parte más fundamental de la persona, el corazón. Cuando determinadas conductas se toleran, estas acaban haciendo daño al corazón.

2. Defiende la importancia de la constancia. Esta es la gran ausente en educación. Cambiar hábitos, llegar al corazón de la persona requiere tiempo, y muchas veces no se es capaz de esperar. Tendemos a medir nuestro éxito educativo por el comportamiento de los hijos, no por nuestra constancia. Eso puede llevar al desánimo y a rendirse porque no se ven resultados inmediatos.

En esta línea va también la idea de no evitar los conflictos. El conflicto es normal, y aunque cueste, hay que afrontarlo, ya que el rehuirlo puede acabar en que se les pasen cosas (hábitos, maneras de hacer...) que les puedan acabar haciendo daño en lo personal.



3. ¡No soy lo más importante! Cada vez le cuesta más a los niños darse cuenta de que no son lo más importante. Viven con más gente y, en los diversos ámbitos, este es un aprendizaje fundamental. Es importante ayudarles a valorar la familia, el vivir cosas en común, y que no siempre todo girará alrededor de ellos. Este es un aprendizaje fundamental del hogar que después continúa en la escuela. ¿Os habéis parado a pensar la de niños que, cuando están dos adultos hablando, no tienen ningún reparo en interrumpirlos? ¿Y como estos acostumbran a dejarlo todo para escucharlos?

Unido a esto va el no 'idolatrar a los hijos'. ¿Cuántas madres en la actualidad serían capaces de decir: "no, ahora no, cariño, mamá está ocupada" sin sentirse culpables? Esto es un problema. En lugar de decir estas frases, hay padres que compran vídeos sobre cómo criar a los hijos antes de concebir su bebé, con el objetivo de que cuando llegue sea seguro que es 'lo más importante'. 

Por contra, a los niños se les debería de enseñar desde bien pronto a ocuparse, entretenerse, tranquilizarse... por sí solos. Si no se les hace este regalo, se acaban convirtiendo en niños idolatrados que aprenden que ellos son los 'más importantes'. Aquí explica una divertida anécdota de unos padres que iban con una niña de 3 años que iba con un patito de juguete de los que andan con un palo. Los padres engatusaban a la niña para que entrara en el coche: "Cariño, ¿por qué no llevas el patito al coche?", "Venga cariño, vente por aquí con el patito"... a lo que la niña contestaba con un no rotundo. Estuvieron 20 minutos así. No se les ocurrió que podían cogerla en brazos, sentarla en el asiento de atrás con el cinturón e irse?

4. El autoengaño de la autoestima. De este capítulo me llamó la atención la pregunta: "¿Reforzar la autoestima de nuestros hijos es la tarea más importante de los padres?" Porque este es uno de los grandes mantras de la educación actual: "Es que tiene una autoestima baja", "Hay que potenciarle la autoestima... Este suele acabar en un elogio constante que acaba siendo autoreferencial.

En cambio, ¿qué hay de educar a los niños para que sean compasivos y aprecien a los demás? La 'otroestima' no tiene mucho predicamento social y es precisamente el fundamento de una vida sana. Y recoge el comentario de un profesor sobre lo que ve todos los días que, por su crudeza, me ha parecido oportuno recoger íntegro (p.118):

"El denominador común son niños que se aburren con facilidad, egocéntricos hasta un extremo que da miedo, que apenas respetan la excelencia o el esfuerzo que se requiere para alcanzarla, que esperan que se los distraiga siempre y que el mínimo esfuerzo que hagan sea reconocido inmediatamente. Reaccionan ante los malos resultados con rabia o indiferencia y casi nunca dicen nada que indique que creen que esforzarse más o más tiempo sea la solución al problema".

Aquí menciona el interesante trabajo de Carol Dweck. Los estudiantes que acaban teniendo éxito cuando se presentan dificultades no son aquellos a los que se les ha ido elogiando constantemente: 'Eres tan listo!', 'Eres fantástico'... sino aquellos que creen que las habilidades intelectuales pueden desarrollarse, a los que se les ha animado a esforzarse más y destacado el valor del esfuerzo.



5. El mal comportamiento y otros asuntos del corazón. Aquí critica uno de los dogmas que seguramente hayáis escuchado: 'Hay que criticar la conducta, no al niño', 'No lo culpe o acuse'... Como bien destaca, esto no tiene sentido. Una pediatra, una tal Dona D'Alessandra, aconseja que los padres no critiquen a sus hijos porque 'la crítica hace que se sientan mal'. Claro, esto es lo que se solía llamar ayudarles a formar la conciencia. Flaco favor se le hace a los hijos si, por miedo a que se sientan mal, no se les ayuda a valorar la maldad o bondad de las acciones. Crear una conciencia puede ser doloroso, pero conforma el corazón y lo vuelve más humano. En este sentido destaca la importancia de destacar a los hijos lo que hay en cada momento en su corazón, y si es digno o no de admiración: si son sensibles, generosos... pero también si están siendo desagradables, si se están dejando llevar por la rabia y el odio.

En la parte final del capítulo entra en un interesante debate, que es el de que, dado que los expertos se niegan a atribuir la mala conducta al corazón del niño, este ha de venir de un trastorno psiquiátrico. Y comenta, en concreto, el Transtorno oposicionista desafiante (TOD). Este, que esta cada día más presente, posiblemente tenga su origen en numerosos casos en una educación deficiente del corazón desde un momento bien temprano. En todos los transtornos hay un componente biológico y otro contextual; cada vez soy más de la opinión de, que en este caso, el estilo educativo familiar tiene un papel clave. Y acaba destacando a Edward T. Welch. Este destaca que algunos trastornos pueden tener una base biológica real y que, después de agotar las demás posibilidades (incluyendo problemas de conducta, morales, espirituales), la situación se puede atribuir a un trastorno neurológico que algunas veces mejorará a través del uso de medicación y otros tratamientos. Por contra, alerta contra los pares que buscan un tratamiento para no tener que resolver los problemas de su hijo.

6. ¿Cuándo se convirtió 'no' en una palabra tabú? Esta es otra de las grandes preguntas que se plantea. Parece como que haya miedo a decir que 'no', que se piense que esta palabra puede generar un trauma en el niño. De ahí todos los movimientos de psicología y educación positiva. ¿Por qué?

Y otra gran cuestión que plantea es el ¿Quién decidió que los niños decidieran? En los ambientes educativos es una frase de plena actualidad: 'El aprendizaje auténtico es aquel en el que los alumnos deciden libremente sus aprendizajes', 'Hay que darles opciones', 'En vez de un no hay que plantearles 2 opciones'... ¿Sí? Destacaría una frase que aparece en el texto: "Los niños no aprenden a tomar buenas decisiones tomándolas. Los niños aprenden cuando los demás las toman por ellos".

Los niños han de acostumbrarse a que elegir no es un 'derecho', es un 'privilegio, y han de ir aprendiendo poco a poco las consecuencias que tienen sus decisiones. Como hemos comentado para eso es fundamental que vean las decisiones que tomamos los adultos. Y ahí los años que son clave son los primeros. Si no aprenden de pequeños los límites y a manejar la libertad, cuando son  mayores es prácticamente imposible. Cuando el niño es pequeño, ha nacido con la libertad de ser niño, y sus padres han de tener claro que sus posibilidades de elegir y de autonomía son limitadas: no tiene ni capacidad, ni experiencia vital, ni madurez para decidir la mayor parte de veces por sí mismo. Esta es tarea de los padres. El niño aprenderá cuando se tomen decisiones acertadas por él y se le expliquen si es conveniente. Si se le permite elegir, lo considerará un privilegio y no un derecho. A medida que pase el tiempo, los padres agrandarán la 'pirámide de la libertad', y disminuirá el número de decisiones que toman por él. Una buena disciplina de pequeños permitirá que se mantenga el contacto y relación al llegar a la adolescencia.

Lo mismo pasa en el ámbito académico: ¿Han de ser los niños los que decidan lo que quieren aprender? ¿Tienen el criterio, madurez, experiencia vital... para decidirlo? ¿Es más auténtico que decidan ellos por dónde quieren ir? La mayoría no pone ninguna objeción a estudiar ciencias naturales, o matemáticas, o lengua. Para reflexionar...

En resumen, un libro con ideas muy interesantes. El corazón, y la importancia de educarlo y de llegar a él es uno de los temas recurrentes que se plantea en cada uno de los capítulos. Recomendable para padres y profesores.

lunes, 2 de abril de 2018

3 libros sobre educación: 'Hiperniños', 'Elogio de las familias sensatamente imperfectas' y 'El Colapso de la autoridad'



Hace cosa de un año publiqué en este blog una entrada sobre el libro 'Hiperpaternidad', de Eva Millet. En ese libro, la autora desgranaba cómo es esa paternidad sobreprotectora que, desde hace unos años, llevan a cabo algunas familias que no ayuda a los hijos a madurar y los deja sin herramientas para el día a día. El libro me gustó, y me dio ideas para el día a día y el trato con las familias. La paternidad sobreprotectora, el cambio en los estilos de educación familiar, la progresiva pérdida de autoridad en las familias... me parecen que son temas educativos fundamentales que no podemos perder de vista y que tenemos que tener en cuenta. Durante los últimos meses he podido leer 3 libros diferentes que me parece que van en esta línea y que comentaré a continuación: 'Hiperniños', de Eva Millet; 'Elogio de las familias sensatamente imperfectas' de Gregorio Luri y 'El colapso de la autoridad', de Leonard Sax.



El primero de ellos es 'Hiperniños', de Eva Millet, un libro en el que la autora ahonda en los efectos y consecuencias que tiene en los hijos esa crianza sobreprotectora, hiperasistida, agobiante... en la que caen cada vez más padres por querer vivir una 'paternidad perfecta'. Esa 'paternidad perfecta' es imposible y los niños, en el fondo, lo que necesitan es unos padres que vivan menos estresados por los idiomas que hablará su hijo, por las extraescolares que hacen, por si tienen un problema u otro y que vivan una paternidad más relajada con la que atiendan y quieran a sus hijos. 

Así, a lo largo de los capítulos va desgranando los efectos que tiene este tipo de paternidad en primer lugar, en los hijos (niños miedosos, con baja tolerancia a la frustración, que no respetan los límites...),  en la escuela (alumnos a los que los padres les dan siempre la razón, padres que maniobran en las AMPA para imponer las preferencias de sus hijos...). Tiene un interesante capítulo en el que da voz a diversos profesores y acaba explicando diversas habilidades relacionadas con el carácter importantes en educación. Es un libro interesante porque al final de cada capítulo hay un breve resumen, a modo de conclusiones, en el que se recogen las ideas principales.

Me gustaría poner aquí un fragmento del libro en el que la autora cita a Gregorio Luri y que me ha dado que pensar. Es en el marco del comentario de un artículo de Berta González de Vega (a la que vale también la pena seguir) en el diario El Mundo:

De hecho, como apuntaba Gregorio Luri en el texto 'Ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito'. Es decir, se enseña a los niños cuándo se tienen que sentir mal y a reivindicar este malestar ante determinadas conductas, pero no se les educa para pasar a la acción y detenerlas. Para reaccionar ante ellas.



Otro libro que va también en esta línea es el último de Gregorio Luri, 'Elogio de las familias sensatamente imperfectas', que insiste en esta idea: en una familia, quererse es siempre más importante que comprenderse, y el niño que crece sabiendo que puede ser querido a pesar de sus imperfecciones, aprenderá a ir limándolas para merecer el amor que recibe. 

En el libro, va desgranando los derechos que tiene todo hijo que forma parte de una 'familia normal y perfecta' (sensatamente imperfecta), entre los cuales destacaría:
- El derecho a distraerse pero no siempre de forma pasiva (con pantallas: TV, tabletas, móviles...) sino con otras cosas: jugar, saltar, correr, montar una cabaña...
- El derecho a disfrutar del silencio, que es algo que hemos perdido. El silencio que permite que te concentres, que leas un buen libro con calma, que pienses sobre algo.
- El derecho a escuchar de tanto en tanto la palabra 'no'.
- El derecho a aceptar que no pueden obtener siempre lo que desean. 
- El saber que se puede disponer de mucha información y ser un ignorante.
- El aprender a utilizar las palabras mágicas; 'por favor', 'gracias', 'perdón', 'confío'. 4 palabras mágicas que, en nuestra sociedad acomodada y de derechos hemos dejado de utilizar. Son la regla básica de la cordialidad.
- El derecho a navegar en alta mar: a que los padres no pierdan de vista que sus hijos están hechos para enfrentarse con éxito a los peligros del mar, no para estar en el puerto aunque sea el lugar más seguro.

Y cita muchos más. Un libro que vale la pena leer.



En último lugar, me gustaría destacar el libro de Leonard Sax 'El colapso de la autoridad'. Sax, desde su perspectiva americana y de médico que ve desfilar por su consulta a innumerables padres y familias, va en la misma línea. Denuncia la transferencia de la autoridad que se ha hecho de los padres a los hijos y al entorno social; la tendencia a que los niños y jóvenes den cada vez más importancia a los amigos, grupos de iguales, redes sociales, modas... y dejen de darla por contra a lo que ven en casa o se les enseña en la familia. 

Esto, como explica, tiene lugar en un contexto en el que los padres se encuentran terriblemente inseguros sobre cuál debe ser su papel. Por miedo a parecer dictadores, terminan abdicando de la autoridad para evitar los enfrentamientos, pero al hacerlo dejan a sus hijos sin referentes y reglas claras sobre lo que está bien o mal. Describe con ejemplos gráficos y reales cómo se concreta esto en el contexto americano (que cada vez es más parecido al de aquí) en diversos ámbitos: el crecimiento de la cultura de la falta de respeto (en casa y en el colegio), el incremento de la obesidad, la sobremedicación y el sobrediagnóstico (de TDAH, Transtornos Negativistas desafiantes...) en niños que lo que sufren realmente es una mala educación, el descenso académico y la fragilidad de las familias...

Del libro, me han gustado especialmente las soluciones que propone:
- Lo primero, enseñar a ser humildes a los hijos, a interesarse por los demás tanto como te interesas por ti mismo, a valorar las cosas, a escuchar de verdad, a compartir cosas... y el ámbito donde se puede aprender esto es en la familia.
- Lo segundo, disfrutar con ellos. Compartir cosas, hacerles valorar la familia y que la vean como lo primero. El ser capaces de jugar a la pelota, de hacer una excursión...
- Lo tercero, darles un sentido de la vida. Creo que no hace falta explicarlo más.
Todo esto en un contexto de recuperación por parte de los padres de esa autoridad bien entendida que es tan necesario que ejerzan. 

En resumen, son 3 libros que me ha parecido que van en la misma línea y cuya lectura recomiendo vivamente a padres, madres, profesores y cualquiera relacionado con el ámbito educativo.

domingo, 16 de abril de 2017

'Hiperpaternidad', de Eva Millet: un buen libro



Hace unas semanas me pude acabar el libro 'Hiperpaternidad', de Eva Millet. Me ha parecido un gran libro, y lo recomendaría tanto a padres como a profesores, ya que da clave importantes para entender los comportamientos de muchas familias y poderlas ayudar. La hiperpaternidad es, en el fondo, esa tendencia de gran parte de las familias de hoy en día a sobreproteger a los hijos, buscando que sean felices y no tengan ningún problema, que acaba creando niños miedosos, con poca resistencia a la frustración...

El libro empieza con una explicación de cómo se ha llegado hasta este punto. Como explica la autora, la hiperprotección de los hijos era algo muy raro hasta hace 20 años, y durante las últimas décadas se ha ido multiplicando de forma exponencial. Paso a paso, va detallando las claves que a su juicio han llevado a la situación actual:
1. El cordón umbilical tecnológico: el que hoy en día haya mil dispositivos (móviles, tabletas,...) con los que controlar a los hijos.
2. Los hijos como símbolo de estatus económico y social.
3. La infancia como campo de entrenamiento: una continua gincana de extraescolares, partidos, reuniones...
4. Explica qué caracteriza la hiperpaternidad: el hablar en plural de los hijos, el quitar la razón a los maestros, entrenadores, la búsqueda de la escuela perfecta....



La descripción que realiza de los diversos tipos de padres hiperprotectores es muy divertida: los padres bocadillo, los padres helicóptero, las madres tigre, los chófer... Seguro que con algunos de ellos nos hemos encontrado alguna vez.

Pero el libro no se queda solo en la denuncia, sino que propone también soluciones para mejorar:
- Practicar el underparenting: no hacer cosas que los niños pueden hacer solos. Pone un ejemplo tan básico como el cogerles la mochila al salir del colegio. Si te pones en la entrada del colegio cualquier día de clase, ¡es una cosa que hacen cantidad de padres y madres! ¿No puede un niño de primaria llevar su mochila hasta el coche o el autobús?

- Hacerles las preguntas justas y necesarias:
¿Cómo estás? ¿Qué tal el día?: OK
¿Quieres Dalsy? ¿Quieres cenar pescado?: NO

- Dejarles autonomía, no sustituirlos con las tareas.

- Permitir que aprendan a frustrarse. ¡Cuando algo sea no, se mantiene!



Y más cosas... No explico más porque me parece interesante la lectura del libro y no quiero fastidiárselo a nadie. Yo ya le he recomendado a algunas familias que se lo compren y lo lean: ¡vale la pena!